jueves, 21 de mayo de 2009

¿Se puede pensar un proyecto político moderno frente a nuevas subjetividades y una escuela en crisis?


Por Nicolás Scipione

Neoliberalismo y educación.

En estos años hablar de que el neoliberalismo cambió ciertas formas políticas e institucionales de nuestra sociedad suena a repetido. Está claro que el auge de las transacciones financieras transformó las formas de relacionarse entre el Estado y las instituciones, entre el Estado y la sociedad civil, y que el neoliberalismo no solo significa eso. Estas transformaciones muestran cómo funciona una empresa y también cómo se piensa la labor del Estado y de sus instituciones. Entre esas instituciones hay una primordial para el sistema político republicano: la escuela.

En particular en la Argentina, como casi en ningún otro país del mundo, fue la Escuela la institución que encabezó la puesta en marcha de la estructura del Estado Nación capitalista. Nuestro país a partir de la década de 1880 desarrolló una estructura de instituciones fuertes que fueron pensadas para organizar a la sociedad bajo determinados preceptos y no otros, es decir, tenía como objetivo forjar la conciencia nacional (Lewkowicz, I. “Escuela y Ciudadanía” en Pedagogía del aburrido. Buenos Aires. Paidos.) . Las escuelas, las cárceles, los hospitales psiquiátricos, entre otras tantas, se instalaron fuertemente en nuestro país desde esos años y funcionaron como instituciones de encierro. Estas instituciones no solo estructuraron un sistema socio- político- económico sino que, además, tendieron a forjar las subjetividades que a éste le son útiles. El Estado Nación capitalista en Argentina, como en todas partes del mundo, funcionó, en palabras de Foulcault, como una sociedad de vigilancia y la Escuela era una de sus instituciones. Explica Lewkowicz que “La sociedad de vigilancia es un tipo de sociedad en la que se distribuyen espacios de encierro. La subjetividad se produce en instituciones que encierran una población homogénea y producen un tipo de subjetividad pertinente para ese segmento social” (Lewkowicz, op. Cit).
En particular en la institución escolar el capitalismo neoliberal impacta, como explica Tadeu Da Silva en su ponencia “Educación poscrítica, curriculum y formación docente”, en dos aspectos: uno estructural y otro político. En lo estructural porque cambian las prioridades en cuanto a la naturaleza del empleo y trabajo asalariado; y en lo político, porque el neoliberalismo interviene directamente en las políticas educativas para “promocionar” los nuevos intereses que aparenta el capital.
La educación en el neoliberalismo, entiendo que ya ha dejado de ser la representación fundamental de la formación social, ya no es la que marca los principios rectores de una Nación ni la que delimita la acción ciudadana, que ya no ocupa el mismo lugar que antes en términos de producción capitalista –aunque la base del sistema capitalista siga siendo la producción de mercancías-, y que ya no tiene la misma “influencia” sobre sus educandos ni sobre sus educadores.

Las nuevas subjetividades y la Escuela.


Hay nuevas subjetividades puestas en juego en una Escuela Moderna en crisis.
A partir de allí podemos pensar en que la escuela se encuentra en un momento en que a perdido “peso” en la sociedad. Sus integrantes no son los mismos en términos subjetivos, el resto de las instituciones de la sociedad ya no la encuentra en el mismo lugar social, el Estado parece no poder intervenir sobre ella como en otros tiempos. Aparecen problemas de contenidos, problemas de formación docente, problemas sobre cómo pensar lo pedagógico. Como explican Dussel y Southwell en su análisis “Lenguajes en plural”, “no es suficiente, entonces, con seguir haciendo bien lo que se hacía hace un siglo: nos encontramos con otros sujetos, con otras estrategias, y con otras prácticas sociales que demandan otro tipo de enseñanza”. Aquel dispositivo de alianza escuela/ familia, aunque no sea este el que funda la institución, que expone Narodowski, ha tomado otras presentaciones. Desconocer que estos problemas existen, no solo es negar una situación objetiva dada, sino también es negarse a cambiar las cosas. De modo que, para intervenir en las escuelas tenemos que repensar nuestras prácticas como docentes, como ciudadanos, es decir, como sujetos políticos.
Nos encontramos entonces en un lugar donde habrá que revisar la situación de la estructura educacional en general. La situación de la educación pública, su relación- competencia con las escuelas privadas, la situación edilicia de los establecimientos, la situación salarial de los docentes, la problemática socio-económica de los alumnos, la crisis económica mundial. Si el alumno es una nueva subjetividad, el docente también lo es. Todos estos cambios tienen que estar en juego dentro de la institución, con los colegas, dentro y fuera del aula con los alumnos que ya no son esos viejos alumnos que nosotros fuimos.
Que la escuela se haya corrido de ese lugar central que antes poseía en nuestra sociedad significa que ya no debe haber cosas que no pueden entrar en ella, que todos los temas pueden y deben ser tratados en la institución. Seguir tratando a la escuela como una isla por fuera de lo que ocurre fuera de ella es algo imposible y, a su vez, tratar cualquier tema sin un sesgo crítico es algo que no se condice con su nuevo lugar. No solo habrá que entender que la sociedad neoliberal pone al niño en un lugar de sujeto consumidor sino que habrá que revisar qué significa que el niño sea un consumidor y en qué sirve al status quo del capitalismo.

Qué hacer con la escuela.

Entiendo que deberíamos comenzar por comprender que, como explica Viviana Minzi en su texto “Mercado para la infancia o infancia para el mercado”, “El niño es sujeto y, por sobre todas las cosas, sujeto consumidor. Tras su visión de negocio, empresas y corporaciones se vuelcan a la captura constante de consumidores como garantía de supervivencia y expansión”. Es decir, este nuevo agente social, el niño consumidor, no solo ocupa un nuevo lugar en la escuela y debemos dar cuenta de eso, sino que, además, juega un papel en la nueva estructura capitalista. Como lo juegan las inversiones financieras, los conglomerados monopólicos y oligopólicos, las economías de servicios y los capitales industriales estructurados en los países emergentes. Es allí donde aparecen las relaciones de los grandes capitales con la educación, los grandes fondos para financiar la educación privada y la falta de presupuesto estatal para la educación pública. Es decir, se ve claramente cual es el impacto en términos políticos del neoliberalismo en la escuela al que hace referencia Tadeu Da Silva (op. Cit.)
Todas las esferas de la sociedad, como las pensaría Weber, deben ponerse en relación en la escuela. No solo porque se puede ahora que esta institución presenta muros débiles, sino también porque la escuela nunca va a dejar de ser parte de un proyecto de sociedad. Evidentemente en este sentido es indispensable también que en la escuela entren algunos agentes sociales apartados en otras épocas como, por ejemplo, los trabajadores, los profesionales fuera de la docencia, los medios de comunicación.
Los trabajadores en sentido de dar cuenta específicamente del lugar económico esencial que muestra la escuela hoy. Se puede pensar, por ejemplo, cuál es el lugar de las personas que hacen a la estructura escolar y no son los docentes, ¿qué lugar ocupan y por qué? Así como se puede dar cuenta del lugar específico en el que se relacionaba antes la escuela con la división social del trabajo – el futuro de los alumnos-, y pensar en qué realidad social y bajo qué estructura económica se piensa a la escuela hoy.
Los profesionales fuera de la docencia hoy pueden jugar un papel importante ya que el docente de la escuela moderna se ve sobrepasado y muchas veces se encuentra incapaz de hacer frente a ciertas realidades sociales de los chicos, a ciertas situaciones del aula –sobre todo en aspectos pedagógicos y de disciplina-. Nos explica brevemente Tadeu Da Silva que uno de los esquemas del proyecto neoliberal repercute directamente sobre la formación docente (Tadeu Da Silva op. Cit.). Muchos ejemplos se pueden suceder a la hora de pensar en que en la escuela hoy ya no esta tan claro que existe una alta cultura que los niños tienen que aprender y empiezan a desarrollarse espacios donde los niños tienen más competencias que los docentes para dar cuenta de lo que realmente pasa, sobre todo cuando hablamos de las nuevas tecnologías de la información. Para que los docentes puedan “hacer frente” a estos inconvenientes es importante que estén apoyados en otros profesionales. Cada profesional tendrá mucho para poner en común en la Escuela, no hay que ser especialista en dar clase para darla (no confundamos con que cualquiera puede hacer cualquier cosa).
Los medios de comunicación son agentes apartados de la escuela moderna o aparecen, en una primera instancia como un agente externo perturbador de la enseñanza escolar. Bien explica esto Len Masterman, por ejemplo, cuando se refiere al paradigma vacunador en la enseñanza de medios en Inglaterra (Masterman, L. “La revolución de la educación” en “La revolución de los medios audiovisuales”. Ediciones de la torre, Madrid, 1993). Como caracterizan varios autores y estudiosos es necesario que la enseñanza en medios se piense a partir de entender que hoy existe un sujeto consumidor y, que estos sujetos, son el objetivo de los medios masivos de comunicación en términos económicos.

La ideología en la escuela.

En términos pedagógicos, es mucho más factible que se pueda pensar críticamente una postura si se la escucha abiertamente y sin preconceptos que si se la trata de discutir ideológicamente con el objeto de hacer cambiar de idea al oponente discursivo, además de que supone ser una práctica democrática. Pero también está muy claro que lo ideológico no puede desaparecer de ningún modo de lo pedagógico. No concuerdo con Cristina Corea cuando explica que la interpretación no es “un requisito para habitar el entorno informacional”. Que no sea un requisito para los niños se debe, como bien explica ella misma, a que la sociedad acostumbra a los niños a “no pensar”. Esto, asimismo, no quita que puedan desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que hacen. Corea es muy taxativa en eso: “No hay lectura ideológica que sirva de guía de análisis respecto de estos fenómenos” – refiriéndose a las formas de ver televisión de los niños-. Entiendo, al contrario, que la crítica ideológica debe aparecer siempre en lo pedagógico. La única forma de que el niño consumidor tenga conciencia de sí mismo como tal es que aparezca la crítica ideológica de algún modo, en algún lado. Pondrá en términos políticos cuál es la situación de todas las personas frente a los medios (así como lo hace con el resto de los agentes sociales).
Entiendo, a su vez, que es fundamental que, mientras el neoliberalismo proponga un niño sujeto consumidor, se piensen otras formas críticas sobre las cuáles trabajar: Las representaciones de los niños y los docentes, sus preguntas sobre el mundo a partir de lo que ven en los medios y cómo pueden pensarse esos sujetos como sujetos productores de medios. A su vez, es obvio que hablar de una visión crítica sobre el niño consumidor no excluye, ni incluye per se, la crítica ideológica a dicho sujeto.
Cuando Lewkowicz caracteriza que en la modernidad tardía cae la idea de progreso por su imposibilidad práctica olvida, creo, ciertos aspectos que, mientras el sistema de producción capitalista exista, no van a dejar de repercutir en todas nuestras instituciones. Nos dice Lewkowicz: “Con la idea de progreso del iluminismo, la educación aparecía como una forma fundamental de volver útiles a los individuos. Caída la cuestión del progreso por su imposibilidad práctica, ¿sigue siendo la escuela un lugar que vuelva útiles a los individuos para la sociedad?, ¿se resignifica su función?, ¿qué queremos hacer nosotros con todo esto?” (Lewkowicz, op. Cit) Entiendo que mientras el sistema capitalista exista, no solo va a existir la escuela como institución “reguladora” sino que además tenderá a “producir ciudadanos” para que sean útiles a la división social del trabajo.
Como escribió Lenin, “hay solo dos formas de pensar al mundo: la forma burguesa y la forma socialista”. Que el neoliberalismo haya descentrado el lugar del Estado, de la escuela y de otras instituciones; que se mueva más capital financiero que capital productivo; que los sujetos, y en nuestro caso particular los niños, ya no se vean como algo estático, ignorante, que hay que llenar de conocimiento no significa que estas dos formas de pensar al mundo sigan existiendo y que sólo de esas dos formas de lo puede pensar. De modo que pensar en formas pedagógicas que promuevan sujetos concientes de la realidad en un sistema capitalista no quiere decir específicamente “bajar línea” de una idea “totalizante” del mundo. Se pueden encontrar formas en que los niños, que los sujetos, hagan sus propios caminos sin ideologías totalizantes, porque si pensamos en no “bajar línea” de la idea socialista estaremos “bajando línea” de la idea burguesa.

viernes, 15 de mayo de 2009

Sobre el pensamiento nacional



Artículo realizado en 2003. Espero que lo lean entero y me maten luego.


Peronismo, hegemonía y contrahegemonía.

Introducción.




La primera mitad del siglo XX fue un tiempo de grandes cambios para la humanidad y, en particular, para los “Estado- nación” de occidente formados a partir del vuelco que significó la Revolución de 1789 en Francia. Desde la última década del siglo XIX aparecieron los “partidos de masas” en busca del acceso al poder mediante la universalización del voto universal, valga la redundancia. Los primeros partidos fueron los que, por lo menos en apariencia, adherían a las prácticas revolucionarias de socialismo ( ejemplo son los partidos socialistas de Alemania, España, Inglaterra, Italia y también en nuestro país), los que defendían las ideas revolucionarias de marxistas y anarquistas. Los que también tomaron la forma de “partidos de masas” fueron aquellos que buscaban garantizar, proteger y mantener el sistema “democrático” y capitalista. Se formaron, tanto aquí como en todo el mundo, partidos liberales, demócratas, demócratas progresistas, demócratas cristianos, etc. Se entendió a la sociedad en su conjunto y se proyectaba la conquista del voto o la gracia del apoyo revolucionario. La Argentina no fue la excepción. Las primeras dos décadas del siglo XX en nuestro país fueron escenario de la lucha sindical y política, es decir, de la lucha de clases.

En la Argentina hacia 1920 existían partidos, sindicatos y asociaciones de orientación anarquista, socialista y comunista, por un lado, y partidos “democráticos” como la UCR, el Partido Conservador, etc.. El incipiente desarrollo del modelo agroexportador y, como se suele decir hoy en día, el crecimiento de la economía llevó a las masas de trabajadores del campo y de las ciudades a ser una parte importante en el juego de la política, muy a pesar de las clases terratenientes y empresarias que esperaban otro tipo de inmigrante más sumiso a sus directivas.

El partido radical por obra y gracia de su líder, Hipólito Yrigoyen, fue el partido de gobierno desde 1916 a 1930. Desde el día de su asunción Yrigoyen tuvo problemas, no sólo con las clases obreras del campo y la ciudad, sino también con las clases terratenientes y empresarias, que eran presionadas por sus “acreedores” ingleses después de la primera guerra mundial [1]. El partido radical tenía dos posturas internas contrapuestas desde que abandonó sus prácticas revolucionarias después del fracaso en 1905. Estas dos posturas acabaron por declararse abiertamente en disputa hacia 1924, pero existían desde aquel fracaso revolucionario. Se enmarcaban en lo que algunos llaman proyectos diferentes de país[2], para nosotros era solamente una puja de intereses entre terratenientes de la zona rica de la “pampa argentina” y los de las demás provincias, pero la existencia de estas dos posturas no se puede negar bajo ninguna circunstancia y su posterior importancia tampoco. La disputa tenía infinidad de aristas que nos tomaría otro trabajo de la misma extensión tratar de explicar, de modo que, tomaremos como ejemplo una disputa que fue emblemática y que explica porqué esta disputa es el primer embrión del pensamiento nacional. Los terratenientes de Buenos Aires y “la pampa húmeda” necesitaban de la inversión inglesa para mantener sus ventas de carnes y trigo a los frigoríficos y silos en manos extranjeras. La gravedad de la situación europea de posguerra casi anuló las inversiones en nuestro país por lo que los bonaerenses necesitaban que se diera más facilidad a la entrada de divisas. En contraposición a esto, los productores de las demás provincias, que se veían obligados a producir para el mercado interno por la falta de posibilidades de exportar, ante la falta de ingreso de las divisas del Reino Unido vieron favorecidas sus ganancias y no querían perder su oportunidad. Apoyados por el peludo empezaron a dar esa pelea contra los radicales “galeritas”[3]. Esta es la principal razón que hizo detonar la granada que Yrigoyen, al ser el referente político del partido, tenía en su mano desde 1905. Cuando esa granada explotó algunos sectores de las clases populares se hicieron eco de estas luchas reavivando, por ejemplo, las posturas “nacionalistas” que tuvo Yrigoyen con respecto a los recursos de petróleo y algunas ideas que se oían en voces de los sindicatos “izquierdistas”. Es aquí donde vemos el nacimiento de lo que se da en llamar el pensamiento nacional.

En este trabajo intentaremos recorrer la historia de este pensamiento nacional. No por adherir a sus ideas, sino porque desde su nacimiento, ha sido parte de nuestra ideología (en palabras de Gramsci). Intentaremos responder qué lugar ocupó en dos distintos bloques de poder que se sucedieron en la Argentina. Al hablar de bloques de poder históricos, hablamos de qué “características ideológicas” generaban consenso. Al hablar de bloques de poder, hablamos de qué métodos de coerción política empleaba el Estado.

Tomaremos como ejemplos del consenso y la coerción generados, los medios de comunicación y la implementación del derecho. Los medios de comunicación masivos porque fueron, sobre todo a partir de los años ’40, la manera más fácil de llegar a las conciencias y conservar la hegemonía mediante el mensaje radial, televisivo o propagandístico como explica, entre otros, Pierre Bourdieu, por lo tanto es una clara manera de formar opinión, de formar consensos. Las normas de derecho sancionadas en determinados momentos serán muestra fehaciente del lugar que ocupaban los medios de comunicación masivos y qué “ideas” del pensamiento nacional formaron parte de los aparatos ideológicos del Estado que ejercen la fuerza. Nos fijaremos en dos “períodos de tendencias políticas” donde creemos que este pensamiento nacional tuvo posturas diferentes[4]. Intentaremos dilucidar qué lugar ocupaban en la lucha hegemonía- contrahegemonía teniendo en cuenta que cada uno de estos períodos determina la existencia de un bloque histórico diferenciado. El primer período se desarrolla desde la formación de FORJA[5] hasta la llegada de Juan D. Perón a la presidencia en 1946 y después las dos presidencias peronistas son escenario otro bloque que encuentra a este pensamiento nacional en otro “lugar”.


Primer bloque histórico: El pensamiento nacional contra la década infame.

Un contexto, una historia.


La década infame es la forma en que la gran mayoría de los cronistas e historiadores llamaron y aun llaman al período que se inicia con el golpe de Estado que derroca a Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930. Pero independiente-mente de las efemérides, la década infame significó la consolidación de una alianza entre poder político, poder militar y oligarquía que aún hoy se trata de desarticular sin éxito. Luego de la salida del modelo agroexportador (podríamos decir que esto sucedió, paulatinamente, después del crack financiero de diciembre de 1929) la Argentina ha forjado una historia de disputas político- económicas, lo que ha provocado que, hasta 1976, no haya habido proyecto económico a largo plazo. Esta alianza para mantener negocios y poder se vio incomodada por el ala radical personalista, las protestas obreras, etc., de modo que hubo que derrocar a Yrigoyen e instauró un gobierno dictatorial al mando del general José F. Uriburu.

Por un lado, la disputa radical entre yrigoyenistas y alvearistas se agudizó después del golpe. Desde la muerte de Yrigoyen, en 1933, Alvear tomó la conducción del partido. De modo que, el radicalismo fue la fuerza que garantizó el fraude patriótico[6] realizado hasta 1943 en todas las elecciones y que se llevó a cabo para que el Partido Conservador no se viera en el compromiso que significaba perder algún foco de poder. De un modo escandaloso, el fraude se llevó a cabo en las elecciones a presidente en 1932 donde el militar Agustín P. Justo salió “electo”. Ya que el radicalismo fue proscrito y el frente del Partido Socialista- Partido Demócrata Progresista presentó sus listas en la parodia democrática y la dictadura de Justo quedó justificada.

Por otro lado, la instauración del conservadurismo en el poder de la Nación significó una batalla ganada para la oligarquía de la Asociación Rural Argentina y sus amigos ante las posturas de nacionalistas, es decir la disputa entre librecambistas y proteccionistas. Una cabal demostración de la consolidación del proyecto oligárquico fue la firma del Pacto Roca- Runciman en 1933. Mientras el mundo entero sentía el fracaso del modo de producción taylorista y adoptaba nuevas posturas económicas de tipo keynesianas, la oligarquía argentina se mantenía necia en su postura del laissez faire de Smith y Marshall। Estas posturas las van a empezar a revisar a partir del comienzo de la segunda guerra mundial y se ve reflejado en posturas como la del ministro de Hacienda Pinedo en 1940.


La fuerza contrahegemónica y el poder oligárquico.


Por supuesto se persiguió al opositor y se “criminalizó” la protesta social para neutralizar no sólo la acción política y sindical, sino también la acción “revolucionaria” de los sectores anarquistas (esto legalmente gracias a la Ley Alcorta sancionada en 1903) como se persiguió, encarceló y fusiló a Severino Di Giovanni y como en 1936 se declaró ilegal al Partido Comunista. En ese contexto represivo la acción política opositora se volvía casi totalmente clandestina. De las filas del radicalismo algunos se apartaron formando FORJA, otros mantuvieron su posición “intransigente” como por ejemplo el joven Oscar Alende que explica que “Desde Yrigoyen era santa consigna no irse del partido y aguantar, pasase lo que pasare.”[7] .

FORJA no fue una expresión política contrahegemónica que haya tenido gran “popularidad”, pero si fue la expresión intelectual de la resistencia ante el Estado conservador y el fraude patriótico. Se fundó el 29 de junio de 1935 y su primer titular fue Luis Dellepiane. A partir de 1936, FORJA publicó trece cuadernos en los que participaron intelectuales como Scalabrini Ortiz, Jauretche, Del Mazo, y que fueron la piedra fundamental para “afrontar problemas argentinos con criterio argentino”, como ellos mismos decían. Su influencia y su revisionismo histórico que declaraba nuevas perspectivas político- económicas y la apremiante situación económica argentina y mundial fueron “moldeando” una nueva forma de pensar las soluciones para la política que despertó en militantes del radicalismo yrigoyenista, algunos grupos militares que se veía ahora politizados, y poco a poco, en las clases más desprotegidas de trabajadores e inmigrantes. Lo que se logró a fines de la década del ’30 fue crear una “fuerza contrahegemónica” que no planteaba la destrucción del bloque histórico oligárquico- militar, sino que éste cambie de manos. Este cambio se va a lograr, en parte, desde 1946. Mientras tanto en la Argentina de Uriburu, Justo y Ortiz se forjo el pensamiento nacional para contrarrestar la dictadura. La instauración de la dictadura y luego el fraude patriótico no fue otra cosa que la defensa de la oligarquía ante la creciente inclusión de nuevos terratenientes de las provincias, de una nueva clase media de comerciantes en las grandes ciudades, y aquella clase obrera que tantos dolores de cabeza le trajo a Yrigoyen. La participación de estos nuevos sectores productivos refleja el paulatino cambio en el sistema productivo, sobre todo a partir de la primera posguerra. Este cambio en el sistema se traduce en que la distribución del ingreso en los años ‘28 y ‘29 que fue más “equitativo” que en los 70 años anteriores de nuestra historia. La creciente participación había traído nuevas exigencias de las clases medias a los sectores del gobierno para ser incluidos en los puestos de poder, mientras duraron los gobiernos radicales esta “alianza” entre las clases medias urbanas y la oligarquía se traducía en la suba del gasto público. Cuando las divisas extranjeras se redujeron, la oligarquía necesitaba que esos gastos no se “desperdicien” y se “promueva” la inversión extranjera. Yrigoyen ni su defendida clase media urbana era la fuerza necesaria para lograr ese propósito, por lo que hubo que deshacerse de él.

Una vez instaurada la oligarquía en el poder se “encontró” con una novedad: la necesidad de un cambio en la organización productiva, no era una demanda de un sector de la pequeña burguesía en nuestro país, sino que era una nueva forma de ver la economía en occidente. De modo que, para mantener sus intereses intactos se vieron obligados a actuar desesperadamente. Esto se tradujo en lo económico, en la firma del pacto Roca- Runciman, la creación del Banco Central en reemplazo de la Caja de Conversión, y de las Juntas reguladoras de granos y de carne, entre otras. En lo político, en la “restauración” del voto universal con el fraude.[8]

Teniendo en cuenta estas políticas oligárquicas, ¿dónde está el pensamiento nacional, dónde está la presencia contrahegemónica?. En la creación de la Dirección Nacional de Vialidad que favorece al transporte automotor norteamericano ante los ferrocarriles británicos[9], en algunas decisiones autoritarias de Castillo como la expropiación del puerto de Rosario, la nacionalización de la compañía de gas o la creación de flota mercante argentina en octubre en 1941 mediante una ley en el congreso y el decreto 103.316. Pero Alejandro Horowicz nos pregunta, “¿ cómo es posible que una fracción que no hegemoniza las exportaciones agrarias (los productores de granos en 1932 jugaban un papel más importante desde hacía décadas) logre imponer su política a todo el bloque agrario?. Y nos responde que “La explicación tiene dos mitades. La primera surge de la polémica que Lisandro de la Torre mantiene en el parlamento sobre el tratado de Londres y la segunda, en el proceso de constitución del Banco Central.” Las denuncias del demócrata progresista tuvieron tanta repercusión que tuvo que ser asesinado su colaborador Bordabehere y su discusión pública dejó claramente a la vista las conexiones de la oligarquía con los británicos. La creación del Banco Central de la República Argentina se llevó a cabo gracias a las presiones ejercidas por aquellos que se veían perjudicados por la falta de divisas del Reino Unido. Hay que dejar en claro también que la creación del Banco Central no fue per se una salida para el crecimiento independiente, pero para una economía independiente es un requisito indispensable. Estas medidas políticas tomadas desde el gobierno explican la vinculación de las fuerzas armadas con los sectores oligárquicos y el sistema financiero internacional. Las clases dominantes tenían su organismo representativo ante el gobierno: la Sociedad Rural Argentina, creada en la década del ’20. Particularmentela Sociedad Rural no era tan solo un poderoso grupo de estancieros compuesto esencialmente por invernadores, sino que en sus filas militaban los hombres del riñón del sistema financiero nacional”. [10] Pero a pesar de que tanto los poderosos estancieros de la Sociedad Rural como sus cipayos en el gobierno militar durante la década del ’30 defendieron con uñas y dientes sus intereses con Inglaterra, la sociedad civil y las fuerzas contrahegemónicas se fueron haciendo eco paulatinamente de la filosofía capitalista del momento por lo que ese Estado oligárquico militar tendría que cambiar sus posturas de defensa del ya muerto modelo agroexportador.

Otro bastión que en el terreno de lo ideológico, es decir, de la herramienta fundamental de la creación de un bloque hegemónico fue la clase obrera sindicalizada que arrastraba una inmensa “batalla de ideas” de la década de los gobiernos radicales. Durante la década del ’30, las organizaciones sindicales sufrieron infinidad de fracturas y uniones producto no sólo de la crisis del modelo agroexportador argentino, sino también de las distintas convulsiones que sufrieron los partidos de izquierda gracias a la situación ideológica y política mundial. Esta situación, evidentemente, fue funcional a los propósitos de desarticular la lucha popular de los años ’20. Un ejemplo de esta situación fue la primera ruptura de la CGT en 1933 tras las diferencias entre comunistas, socialistas y “apolíticos” por la firma del pacto Hitler- Stalin.[11] El sindicalismo había sido un fuerte disparador de ideas políticas en las décadas anteriores y ante la disputa constante entre anarquistas, socialistas y comunistas (unidos o separados según el momento) comenzó a reflejarse algo de esta idea nacionalista, popular y “apolítica” en los sindicatos escudada en la pelea por un sindicalismo con ideas “nacionales” y ajenas a las disputas internacionales que nada tenía que ver con nuestro país, este el sindicalismo que va a defender FORJA y que luego responderá a la CGT peronista.

En los medios de comunicación, la radio y los periódicos de la época, fueron constantemente coartadas y combatidas esas ideas de Nación. Desde 1930 fue deliberadamente apoyado el golpe militar de Uriburu en publicaciones como La Nación, La Prensa, Crítica (el caso de Crítica es particular, porque al ser el primer diario de consumo masivo, primero contribuyó para “voltear” a Yrigoyen y luego fue perseguido por estos gobiernos militares.) Otras formas de comunicación social que tuvieron gran influencia en las ciudades fueron las novelas semanales, que también dieron lugar a las “Aguafuertes” de Roberto Arlt en diario El Mundo. Estas novelas y los radioteatros eran los programas de televisión de hoy. La diversión y el tema de conversación en el barrio eran los sucesos del radioteatro. De modo que, las historias de la clase dominante, las problemáticas de la burguesía eran contadas al pueblo y se convertían en anhelos de crecimiento personal al que las clases subalternas nunca “deberían” acceder pero que “hacía falta” que existan como elemento de distracción. Los anhelos de crecimiento personal de los trabajadores y pequeños comerciantes eran los que las clases dominantes necesitaban controlar y los medios de comunicación eran funcionales a esa idea, cuyo principal soldado gráfico fue La Nación, fundado por uno de los padres de la oligarquía argentina Bartolomé Mitre, (paradójica-mente fue en esos deseosos de “ascender” donde arraigó el pensamiento nacional.) El combate de la oligarquía a los deseos de crecimiento económico fue la principal razón política por la cual el nuevo discurso nacional se estableció como la herramienta de defensa de las clases dominadas. Esta manifestación ideológica de la lucha de clases es la que va a explotar Juan D. Perón, no sólo para que el pueblo trabajador y los sindicatos hagan un 17 de octubre que le permitan tener dos mandatos como presidente, sino también crear su imagen de mártir salvador y combatiente de la oligarquía.


Segundo bloque histórico: Peronismo, pensamiento nacional.

Política peronista y nacional.


Se suele entender al Movimiento Peronista y sus posturas ideológicas que lo llevaron al poder como producto de la decisión política de Perón o como la imposición de la lucha popular. Sería producto de un análisis superficial entender las posturas peronistas como posturas de defensa y promoción de la industrialización mediante la sustitución de importaciones para el “desarrollo” y de los derechos sociales de los trabajadores, pero así de simplista es la forma como ha llegado a las clases subalternas de su época[12]. Estas posturas fueron, a grandes rasgos, las que convirtieron al General Perón, Evita y al Movimiento en los símbolos indivisibles de aquellas ideas. Por lo tanto nos ocuparemos de analizar cuál fue la recepción de la ideología del Movimiento Peronista y de sus estandartes para ver qué concordancia con lo que llamábamos en bloque histórico anterior pensamiento nacional tiene.

Ya a fines de la década del ’30 el comercio internacional tenía serios inconvenientes para desarrollarse y nuestro país empezaba a perder importancia dentro del mercado mundial. La “necedad”, por llamarla de algún modo, de nuestra clase dominante, lo único que hizo fue aletargar la caída del sistema agroexportador. La segunda guerra mundial dejó ver que el cambio de modo de producción era indispensable para mantener el sistema capitalista y reincorporarse al mercado mundial (no sólo en la Argentina, sino que esto se repite en casi toda Latinoamérica con Vargas y Nasser, por ejemplo.) El gobierno de Ortiz por las circunstancias políticas se vio presionado y declaró una neutralidad ficticia que sirvió para “patear la pelota” hacia delante y que la clase dominante desestime en 1940 el plan económico del ministro de Economía Federico Pinedo[13] – casualmente apoyada por los radicales -. Este plan era simplemente el reconocimiento de las necesidades para mantener el sistema capitalista vigente y que la Argentina sea parte del “concierto de naciones”. Con algún que otro matiz diferente la doctrina peronista en lo económico planteó y llevó a cabo las reformas que planteaba Pinedo en el año ’40, por lo menos hasta el derrocamiento de Perón, porque eran totalmente necesarias para llevar a cabo otro tipo de reformas sociales y porque desde el punto de vista de la economía internacional era “la muerte” no intentar el S.I.S. (Sistema de Importaciones Sustitutivas.) El líder peronista explicaba su posición sobre la industria y dejaba ver sus coincidencias con los que, como él, hablaban del pensamiento nacional como una salida:“ A ningún industrial ni comerciante se le va a ocurrir producir fuera del punto óptimo y esta teoría de los puntos óptimos es la que rige la explotación de cualquier industria o comercio. Eso es perfecto. Nadie puede objetarlo desde el punto de vista económico. Pero en la vida de los pueblos, nosotros, los justicialistas, no creemos que la economía sea todo.(.......) Piensen ustedes desde el punto de vista social. Si ese señor produce diez, y yo le digo que produzca un poco más me dice que no puede, porque se sale del punto óptimo. Yo le contesto: ‘ Vea que aquí la población tiene que comer veinte y usted solamente produce diez’. De acuerdo con la teoría económica, él dice: ’¡Qué revienten!(......) Nosotros, los justicialistas, que para este fenómeno no se produzca hay que buscar una solución. ¿Cuál puede ser?. Aumentar la producción, aunque se salga del punto óptimo. El estómago no tiene puntos óptimos.”[14] Independientemente de la postura ideológica del General Perón o del pensamiento nacional la realidad económica mundial no dejaba otra salida que la industrialización sustitutiva para poder mantener el sistema. De modo que, aunque anteriormente se pensase a los Estados Unidos como un competidor, ahora se lo debería pensar como un nuevo proveedor de maquinaria y capitales

para poder seguir siendo “parte del mundo”. Tanto el pensamiento nacional, como lo declarado expresamente en la presentación del Plan Pinedo había que sustituir importaciones con el sólo propósito de “equilibrar” la economía y dejar de ser “furgón de cola” de Gran Bretaña para pasar a ser de Estados Unidos[15]. Siendo que a Estados Unidos se le iba a tener que rendir pleitesía, hubo, en principio, algunas intentonas vanas de resistir, pero luego se fue permitiendo la “intervención” norteamericana en nuestra economía domestica, como le dicen los economistas modernos y liberales al mercado interno (esto sobre todo desde la segunda presidencia de Perón.)

La política peronista tuvo gran apoyo desde el principio ya que los sindicatos, desde 1943 peronistas[16], ya que Perón había logrado desde ese año en su labor de ministro dar los beneficios por los que los socialistas, anarquistas y comunistas habían luchado décadas sin lograr que la oligarquía de su brazo a torcer - particular es la figura de Alfredo Palacios que desde 1904 como legislador por el Partido Socialista[17] y otra infinidad de socialistas como Angel Giménez, Juan B. Justo, Del Valle Iberluacea, Mario Bravo, entre otros que sancionaron más de treinta leyes favorables a los obreros hasta 1942 y casi ninguna fue puesta realmente en vigencia -. Estos sindicalistas quienes después del 17 de octubre de 1945 crearon el Partido Laborista que llevaría a Perón a la presidencia de la Nación para luego ser disuelto. A partir de que Perón asume el poder ejecutivo se empieza a conformar el Partido y el Movimiento Peronista, aunque los peronistas declaran – con romanticismo y demagogia- que el Movimiento Nacional Peronista fue fundado el 17 de octubre de 1945. Lo cierto es que a partir de ese día el General Perón fue la figura que significaba un “proyecto de país” distinto al de la oligarquía. Las clases populares, rurales y urbanas, aceptaron su papel de conductor de sus demandas।


Poder peronista.


La mayor expresión legal de la hegemonía del pensamiento nacional en las dos primeras presidencias de Perón entendemos que es la sanción de la Constitución de 1949. La declaración de esta nueva carta magna, resistida por la UCR, era una consolidación de políticas del pensamiento nacional y la consagración de Perón con los trabajadores, por supuesto a cambio de algunas cosas como el veto del derecho a huelga y la reelección presidencial por periodos indefinidos. Mostraba la inclusión de deberes del Estado para con los ciudadanos que hasta allí no existían, daba derechos a los trabajadores en su Art. 37 como las jornadas con duración legal; pensiones y jubilaciones; descanso dominical; indemnización por accidente de trabajo; aguinaldo; defensa de los intereses profesionales; y los llamados “derechos de la familia y de la ancianidad”. Garantizaba también el acceso de todos los ciudadanos a la cultura y la educación. Y en particular mostraba posturas nacionalistas con el remplazo de “La propiedad privada es inviolable” y ponía “el capital y la actividad económica, al servicio de la economía nacional, en la nacionalización del subsuelo (como el petróleo), en el otorgamiento al poder ejecutivo de la facultad de expropiar empresas o tierras, para “asegurar su utilidad productiva en beneficio de la sociedad” y en la modificación del Preámbulo, donde agregó el deseo de lograr “una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Daba también una serie de facultades al ejecutivo que le ganó la comparación con su amigo Mussolini de parte de sus opositores. Además de la reelección indefinida antes mencionada, eliminaba el Colegio Electoral y la elección del Presidente pasaría a ser directa por voto popular. A su vez el presidente podría declarar, sin aprobación del Congreso, no sólo el estado de sitio sino también el llamado “estado de prevención y alarma”. El Estado pasaría a no reconocer el derecho de atentar contra la libertad, por lo que el Estado no autorizaría organizaciones que tuvieran principios opuestos a las libertades individuales, por lo que cualquier partido de filosofía de izquierda quedaría fuera del marco legal[18]. Esta Constitución fue derogada ilegalmente en 1957 por el gobierno de facto de la “Revolución Argentina” que derrocó a Juan D. Perón en 1955 pero lo que muestra la vigencia de la lucha contrahegémonica de aquel momento por el pensamiento nacional es que algunos de los benefi-cios a los trabajadores y a los ciudadanos se mantuvieron creando la nueva figura del Artículo 14 bis, que “garantiza” al trabajador condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada, descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital y móvil, etc, y que, por ejemplo, daba garantías a los gremios[19].

En particular la política económica de Perón durante sus dos gobiernos sufrió diferentes vaivenes pero en un principio parece haber intentado ser seguidora de las demandas nacionalistas de los años anteriores. Este aparente intento se refleja en el lanzamiento del Primer Plan Quinquenal, la creación de Aerolíneas Argentinas en 1950 y la labor de la Fundación Eva Perón, entre otras iniciativas estatales. Esta posturas se mantuvieron hasta el intento de golpe de Estado de 1951, a cargo de Benjamín Menéndez, que, a pesar de que Perón lo pudo contrarrestar y mantuvo su apoyo popular, fue la primera reacción un llamado de atención de la oligarquía a Perón, que, entre otras cosas, “obligó” a bajar la candidatura a vicepresidente de Evita. El apoyo se mantuvo porque las clases subalternas no vieron otra cosa que beneficios con la llegada de Perón al poder. Algunos analistas consumen infinidad de hojas y palabras tratando de explicar que esas concesiones no eran reales, pero independientemente de su real aplicación lo que le llegaba a la sociedad civil a través de los medios de comunicación, las instituciones de bien público y los organismos de gobierno eran beneficios. La ficción era una realidad para la mayoría, por eso el poder, la hegemonía del bloque de poder peronista (cuya ideología generadora de consensos era el pensamiento nacional que aquellos radicales personalistas, forjistas, militares nacionalistas promocionaban y necesitaban los trabajadores y comerciantes en la década infame) estuvo vigente y significó una puesta contraria a los intereses de ese momento de la oligarquía, lo que no significa que no haya sido funcional. En particular en las presidencias peronistas no se registró una “democracia” liberal, por lo que se persiguió a los partidos opositores y se clausuró y censuró a la prensa opositora. A pesar de lo que Perón decía de los opositores que“a esos hay que ganárselos” [20] en cuanto a la política todo lo bueno y lo malo del gobierno peronista era discusión que le competía al Movimiento, no había “necesidad” de que existan otros partidos o movimientos políticos por lo que la existencia legal de opositores podía negarse. No se les hizo nada fácil a sus contrarios, inclusive algunos socialistas y comunistas no vieron otra solución que pasarse al peronismo o afinar su lápiz para que su idea sea más acorde al pensamiento nacional peronista. Ejemplo ineludible de esta persecución es el cierre de las revistas del Partido Socialista y de la UCR y la posterior quema, en 1953, de las respectivas sedes de ambos partidos. A la prensa se la censuró cuidadosamente, pero a la vez hubo una proliferación de nuevos medios de comunicación. La principal nueva participación en el universo de los medios de comunicación fue el de la televisión. La televisión fue para el proyecto popular peronista un elemento más que fundamental. El televisor no sólo significaba un avance tecnológico que mostraba la inclusión de la información en los hogares de miles y miles de argentinos, sino que también podía ser un elemento indispensable para propagar los logros peronistas ante las envestidas oligárquicas en sus medios de cabecera como La Nación y La Prensa (este último periódico en las presidencias de Perón fue particularmente perseguido y finalmente cerrado.) La puesta en evidencia de este propósito del gobierno con la televisión como medio de masividad fue la institucionalización de ATC, la televisora estatal. La hegemonía del peronismo y por lo tanto del pensamiento nacional se evidenció no sólo en que sus opositores tenían que recurrir a tildarlo de “demagogo” o “fascista”, sino que el apoyo popular que consiguió Perón, su esposa Eva Duarte y su movimiento peronista fue, no sólo el símbolo, sino la realidad por la que se combatió al capital hasta el nefasto arribo de las FF.AA. en 1976. La educación era peronista, la labor de la Fundación Eva Perón era peronista, el crecimiento de la industria y el trabajo era peronista. El significado de los “valores” peronistas, de Perón y de Evita no son casuales, los beneficios al trabajo y al desarrollo económico nacional hoy se ven claramente ficticios, pero en su momento eran reales y eran, nada más ni nada menos, lo que el pueblo trabajador y marginado estaba buscando.


Conclusiones.


El pensamiento nacional tiene su origen en un momento de crisis política y económica de nuestro país: la década infame. Con una oligarquía poco inteligente y sin visión más allá de su propio cortoplacismo se fue creando una oposición de los sectores medios que fue arraigando en las clases más oprimidas. Esto, a grandes rasgos es el pensamiento nacional. Pensamiento que sirve de escudo para las clases subalternas desarticuladas y sin futuro después del golpe de Uriburu. Por eso en la década infame va, paulatinamente, encontrando un lugar de emblema contrahegemónico en la lucha de clases, en la lucha hegemonía- contrahegemonía dentro del bloque oligárquico- militar como lo llama José Vazeilles[21]. Y como consecuencia de esto este pensamiento se ve reflejado (dejando de lado la discusión de la utilización demagógica versus honestidad de pensamiento) en los gobiernos de Juan D. Perón, desde 1946 hasta 1955, conformando un bloque de poder totalmente opuesto a los intereses de la oligarquía en esos años, pero que luego le será funcional a su restauración en el poder. Más particularmente se verá el carácter hegemónico que el pensamiento nacional tuvo en los gobiernos peronistas luego del derrocamiento de Perón. Las posturas del pensamiento nacional se convirtieron en indispensables para el “desarrollo” de la Nación, a punto tal que, la defensa de este “proyecto de país” fue desencadenante de la etapa más cercana (si así se puede leer) a la desarticulación del poder oligárquico que fue el período desde 1955 a 1976, en donde los golpes militares encontraron tanta resistencia que no podían mantenerse en el poder y dejaban el lugar a los partidos políticos. Sin la existencia física del líder peronista, la posibilidad de ese proyecto quedó trunca y dio lugar al “afinamiento” de la puntería militar que significó el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Al no existir el peronismo en las elecciones las luchas se hicieron clandestinas y tan reales como revolucionarias. Después del golpe de Estado de 1976 se terminaron de desarticular los reductos de la “subversión”, es decir, con algunas excepciones, del pensamiento nacional (aunque habría que ver también cuanto de pensamiento nacional había en las organizaciones armadas peronistas) y se logró imponer nuevamente la total hegemonía oligárquica que se tradujo, al compás de la historia, en el modo de acumulación de capital financiero. Este modo de acumulación de capital y de poder de la oligarquía siguió con el “retorno a la democracia” y la década de la rata, como llama Eduardo Aliverti a los dos gobiernos de Menem. Terminó de derrumbarse, no sólo por la situación mundial, sino también por la situación interna el 19 y 20 de diciembre de 2001 (así como pasó en 1930), de modo que hoy, estamos entre restaurar el orden oligárquico y volver al pensamiento nacional. El pensamiento nacional es una real alternativa al bloque de poder oligárquico pero no vemos que sea la construcción de una hegemonía popular, democrática e igualitaria.


Bibliografía।


· David Rock. “El radicalismo argentino, 1890-1930”. Buenos Aires. Amorrortu. 1973.

· Raúl Alfonsín. ¿ Qué es el radicalismo?. Buenos Aires. Sudamericana. 1983.

· Oscar Alende. Mi memoria. Planeta, Buenos Aires. 1988.

· Moreau de Justo, Alicia. ¿Qué es el socialismo en la Argentina?. Sudamericana. Buenos Aires, 1983

· Oscar Alende. ¿Qué es el partido intransigente? . Sudamericana. Buenos Aires, 1983

· Perón, Juan D. Conducción Política. Freeland. Buenos Aires, 1971

· Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos. Legasa, Buenos Aires. 1985.

· Vazeilles, José G. Historia Argentina. Etapas económicas y políticas 1850-1983. Biblos. Buenos Aires. 2000

· Del Campo, Hugo.”Sindicatos, partidos “obreros” y Estado en la Argentina pre- peronista”. París. 1985.

Material de consulta.



· Vazeilles, José G. “Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona”. Biblos. Buenos Aires, 2001.

· Constitución de la Nación Argentina. Producciones Marwis. Buenos Aires. 2000.

· Perón Juan D. “La hora de los pueblos”. Buenos Aires. 1973.

· Sabsay, Fernando.“Presidencias y presidentes constitucionales argentinos 1932-1999”. Página 12. Buenos Aires. 1999

· Negri, Tony y Hardt, Michael. “Imperio”. Paidos. Buenos Aires, 2002.




[1] Para un análisis pormenorizado de estas situaciones hay infinita literatura, personalmente entiendo que se hace un buen análisis en: David Rock. “El radicalismo argentino, 1890-1930”. Buenos Aires. Amorrortu. 1973.

[2] Raúl Alfonsín. ¿ Qué es el radicalismo?. Buenos Aires. Sudamericana. 1983.

[3]El peludo” era la forma en que se llamaba a H. Yrigoyen en la jerga política de la época. Los radicales “galeritas” se llamaban despectivamente a los partidarios del presidente M. T. Alvear y antipersonalistas, es decir opositores de Yrigoyen y de las posturas “nacionalistas”.

[4] Cabe en este caso destacar que estos períodos no son elegidos caprichosamente sino que muestran dos lugares de influencia diferentes del pensamiento nacional, que se delinean bajo dos formas de productivas diferentes: Modelo Agroexportador, Sustitución de importaciones que, desde luego, dará lugar a un régimen de acumulación financiera que se dan en nuestro país desde 1976 a la actualidad.

[5] F.O.R.J.A: Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina. Más adelante se detalla su participación en la política argentina.

[6] Fraude patriótico llamaban conservadores a las “maniobras” que llevaba a cabo en las elecciones para “salvar la Argentina de sus traidores”.

[7] Oscar Alende. Mi memoria. Planeta, Buenos Aires. 1988. Pag. 77.

[8] Perfectamente detallado en David Rock. Op. Cit.

[9] Vazeilles, José G. Historia Argentina. Etapas económicas y políticas 1850-1983. Biblos. Buenos Aires. 2000.

[10] Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos. Legasa, Buenos Aires. 1985.

[11] Para un análisis pormenorizado de ésta y otras circunstancias del sindicalismo en Argentina, antes de 1943 ver: Del Campo, Hugo.”Sindicatos, partidos “obreros” y Estado en la Argentina pre- peronista”. París. 1985.

[12] Y aún hoy los que se llaman peronistas se alinean en esta idea. Ejemplo en otro contexto es el peronismo de Kirchner.

[13] Horowicz, Alejandro. Op. Cit. “La neutralidad imposible”

[14] Perón, Juan D. Conducción Política. Freeland. Buenos Aires, 1971. Pags. 73 y 74.

[15] Horowicz, Alejandro. Op. Cit.

[16] Esto a partir de que en 1943, siendo Perón ministro de Trabajo y previsión social se había unificado el sindicalismo en una CGT que por primera vez había dejado de lado las posturas “políticas” para pasar a ser “apolíticos”, de la tercera posición o peronista, como se quiera llamarlos. Esto se logró aprovechando los vaivenes de los partidos socialista y comunista ante la realidad nacional e internacional.

[17] Alfredo Palacios fue varias veces electo diputado y/o senador por el Partido Socialista y por el Partido Socialista Argentino. Ver Moreau de Justo, Alicia. ¿Qué es el socialismo en la Argentina?. Sudamericana. Buenos Aires, 1983.

[18] Todos estos datos y más sobre la Constitución sancionada en 1949 fueron sacados de su edición publicada por Producciones Marwin. Bs.As. 2000

[19] Idem. Pag. 9.

[20] Perón, Juan D. Op. Cit.

[21] Vazeilles, José G. Op. Cit.”Radicalismo intransigente y Conservadurismo acuerdista”.

jueves, 14 de mayo de 2009

Objeto


Las elecciones legislativas me traen hoy a pensar nuevamente lo que realmente significa la democracia. Hay muchas formas de pensarla desde la Grecia Antigua hasta hoy, pero entiendo que en la posmodernidad – que es solo una pantomima- queda algo bien claro: Las diferentes formas de pensar la democracia suponen ser siempre la mejor forma de que todos decidamos sobre lo que nos incumbe. Por otro lado, el pensamiento moderno, el iluminismo, el racionalismo deja algo bien en claro también: Bajo un régimen capitalista es imposible esa democracia. He aquí un problema que parece irresoluble.

Algunos objetarán, con razón, que muchas formas de democracia representativa no presentan esquemas que permitan la decisión a todos. Que los sistemas de democracia participativa suponen que todo lo importante está en cómo se deciden las cosas y no en qué se decide y que pensar en qué se decide termina siendo represivo. No se equivocan. Pero muchos de los países del mundo funcionan de esa manera, suponiendo que no hay mejor sistema político.

Representaciones. Muchos pensadores de la actualidad hablan de que éstas son las que realmente mueven al mundo y lo real, lo tangible, lo material aparece en un segundo plano, ya no tan determinante como en otras épocas.

Otros objetarán que el mundo ya no vive de utopías “totalizantes”, de discursos únicos, de estructuras sólidas. Que la democracia nos asegura no volver a pisar dos veces la misma piedra.

Más representaciones. Que son las que mueven al mundo. No hay nada más alejado de la realidad (no de la verdad – esa no me importa-). Hoy más que nunca vivimos bajo la égida de un discurso único que continuamente trata de tapar los discursos que emergen “libres” y que acomoda una democracia que sólo asegura su perpetuidad.

Objetaré entonces que el sistema democrático en el que vive la Argentina y la gran mayoría de los países de este mundo es pura representación.
Que las representaciones existen pero que son lo suficientemente importantes como para rasparlas y ver la realidad debajo.
Que las elecciones que nos proponen para el mes de junio no son más que lo que fueron siempre: una representación, un acto delegativo en el cual no solo preferimos delegar nuestros destinos a una centena de funcionarios, sino que, además, les permitimos que nos mientan.
Que nos hagan creer que esta democracia es la que queremos porque estamos convencidos de que es lo mejor que podemos hacer (es decir, que no somos capaces de hacer otras cosas).
Que nos hagan creer que participar es sólo un voto, levantar la mano en una asamblea, exponer como erudito un problema y su virtual solución y no “tomar el toro por las astas”.
Que nos convenzan de que es normal que nos matemos pensando a quien votar para ser responsables cuando no podemos hacernos responsables del resto de nuestros actos de vida.
Que nos quieran explicar que no nos quieren tener mansos, que no nos quieren dominar, que es mentira que los medios de comunicación nos guían el pensar y los actos.
Que nos tenemos que acostumbrar a hablar y actuar sobre lo “real” y no hablar de lo que “debería ser”…

Objetaré…