jueves, 21 de mayo de 2009

¿Se puede pensar un proyecto político moderno frente a nuevas subjetividades y una escuela en crisis?


Por Nicolás Scipione

Neoliberalismo y educación.

En estos años hablar de que el neoliberalismo cambió ciertas formas políticas e institucionales de nuestra sociedad suena a repetido. Está claro que el auge de las transacciones financieras transformó las formas de relacionarse entre el Estado y las instituciones, entre el Estado y la sociedad civil, y que el neoliberalismo no solo significa eso. Estas transformaciones muestran cómo funciona una empresa y también cómo se piensa la labor del Estado y de sus instituciones. Entre esas instituciones hay una primordial para el sistema político republicano: la escuela.

En particular en la Argentina, como casi en ningún otro país del mundo, fue la Escuela la institución que encabezó la puesta en marcha de la estructura del Estado Nación capitalista. Nuestro país a partir de la década de 1880 desarrolló una estructura de instituciones fuertes que fueron pensadas para organizar a la sociedad bajo determinados preceptos y no otros, es decir, tenía como objetivo forjar la conciencia nacional (Lewkowicz, I. “Escuela y Ciudadanía” en Pedagogía del aburrido. Buenos Aires. Paidos.) . Las escuelas, las cárceles, los hospitales psiquiátricos, entre otras tantas, se instalaron fuertemente en nuestro país desde esos años y funcionaron como instituciones de encierro. Estas instituciones no solo estructuraron un sistema socio- político- económico sino que, además, tendieron a forjar las subjetividades que a éste le son útiles. El Estado Nación capitalista en Argentina, como en todas partes del mundo, funcionó, en palabras de Foulcault, como una sociedad de vigilancia y la Escuela era una de sus instituciones. Explica Lewkowicz que “La sociedad de vigilancia es un tipo de sociedad en la que se distribuyen espacios de encierro. La subjetividad se produce en instituciones que encierran una población homogénea y producen un tipo de subjetividad pertinente para ese segmento social” (Lewkowicz, op. Cit).
En particular en la institución escolar el capitalismo neoliberal impacta, como explica Tadeu Da Silva en su ponencia “Educación poscrítica, curriculum y formación docente”, en dos aspectos: uno estructural y otro político. En lo estructural porque cambian las prioridades en cuanto a la naturaleza del empleo y trabajo asalariado; y en lo político, porque el neoliberalismo interviene directamente en las políticas educativas para “promocionar” los nuevos intereses que aparenta el capital.
La educación en el neoliberalismo, entiendo que ya ha dejado de ser la representación fundamental de la formación social, ya no es la que marca los principios rectores de una Nación ni la que delimita la acción ciudadana, que ya no ocupa el mismo lugar que antes en términos de producción capitalista –aunque la base del sistema capitalista siga siendo la producción de mercancías-, y que ya no tiene la misma “influencia” sobre sus educandos ni sobre sus educadores.

Las nuevas subjetividades y la Escuela.


Hay nuevas subjetividades puestas en juego en una Escuela Moderna en crisis.
A partir de allí podemos pensar en que la escuela se encuentra en un momento en que a perdido “peso” en la sociedad. Sus integrantes no son los mismos en términos subjetivos, el resto de las instituciones de la sociedad ya no la encuentra en el mismo lugar social, el Estado parece no poder intervenir sobre ella como en otros tiempos. Aparecen problemas de contenidos, problemas de formación docente, problemas sobre cómo pensar lo pedagógico. Como explican Dussel y Southwell en su análisis “Lenguajes en plural”, “no es suficiente, entonces, con seguir haciendo bien lo que se hacía hace un siglo: nos encontramos con otros sujetos, con otras estrategias, y con otras prácticas sociales que demandan otro tipo de enseñanza”. Aquel dispositivo de alianza escuela/ familia, aunque no sea este el que funda la institución, que expone Narodowski, ha tomado otras presentaciones. Desconocer que estos problemas existen, no solo es negar una situación objetiva dada, sino también es negarse a cambiar las cosas. De modo que, para intervenir en las escuelas tenemos que repensar nuestras prácticas como docentes, como ciudadanos, es decir, como sujetos políticos.
Nos encontramos entonces en un lugar donde habrá que revisar la situación de la estructura educacional en general. La situación de la educación pública, su relación- competencia con las escuelas privadas, la situación edilicia de los establecimientos, la situación salarial de los docentes, la problemática socio-económica de los alumnos, la crisis económica mundial. Si el alumno es una nueva subjetividad, el docente también lo es. Todos estos cambios tienen que estar en juego dentro de la institución, con los colegas, dentro y fuera del aula con los alumnos que ya no son esos viejos alumnos que nosotros fuimos.
Que la escuela se haya corrido de ese lugar central que antes poseía en nuestra sociedad significa que ya no debe haber cosas que no pueden entrar en ella, que todos los temas pueden y deben ser tratados en la institución. Seguir tratando a la escuela como una isla por fuera de lo que ocurre fuera de ella es algo imposible y, a su vez, tratar cualquier tema sin un sesgo crítico es algo que no se condice con su nuevo lugar. No solo habrá que entender que la sociedad neoliberal pone al niño en un lugar de sujeto consumidor sino que habrá que revisar qué significa que el niño sea un consumidor y en qué sirve al status quo del capitalismo.

Qué hacer con la escuela.

Entiendo que deberíamos comenzar por comprender que, como explica Viviana Minzi en su texto “Mercado para la infancia o infancia para el mercado”, “El niño es sujeto y, por sobre todas las cosas, sujeto consumidor. Tras su visión de negocio, empresas y corporaciones se vuelcan a la captura constante de consumidores como garantía de supervivencia y expansión”. Es decir, este nuevo agente social, el niño consumidor, no solo ocupa un nuevo lugar en la escuela y debemos dar cuenta de eso, sino que, además, juega un papel en la nueva estructura capitalista. Como lo juegan las inversiones financieras, los conglomerados monopólicos y oligopólicos, las economías de servicios y los capitales industriales estructurados en los países emergentes. Es allí donde aparecen las relaciones de los grandes capitales con la educación, los grandes fondos para financiar la educación privada y la falta de presupuesto estatal para la educación pública. Es decir, se ve claramente cual es el impacto en términos políticos del neoliberalismo en la escuela al que hace referencia Tadeu Da Silva (op. Cit.)
Todas las esferas de la sociedad, como las pensaría Weber, deben ponerse en relación en la escuela. No solo porque se puede ahora que esta institución presenta muros débiles, sino también porque la escuela nunca va a dejar de ser parte de un proyecto de sociedad. Evidentemente en este sentido es indispensable también que en la escuela entren algunos agentes sociales apartados en otras épocas como, por ejemplo, los trabajadores, los profesionales fuera de la docencia, los medios de comunicación.
Los trabajadores en sentido de dar cuenta específicamente del lugar económico esencial que muestra la escuela hoy. Se puede pensar, por ejemplo, cuál es el lugar de las personas que hacen a la estructura escolar y no son los docentes, ¿qué lugar ocupan y por qué? Así como se puede dar cuenta del lugar específico en el que se relacionaba antes la escuela con la división social del trabajo – el futuro de los alumnos-, y pensar en qué realidad social y bajo qué estructura económica se piensa a la escuela hoy.
Los profesionales fuera de la docencia hoy pueden jugar un papel importante ya que el docente de la escuela moderna se ve sobrepasado y muchas veces se encuentra incapaz de hacer frente a ciertas realidades sociales de los chicos, a ciertas situaciones del aula –sobre todo en aspectos pedagógicos y de disciplina-. Nos explica brevemente Tadeu Da Silva que uno de los esquemas del proyecto neoliberal repercute directamente sobre la formación docente (Tadeu Da Silva op. Cit.). Muchos ejemplos se pueden suceder a la hora de pensar en que en la escuela hoy ya no esta tan claro que existe una alta cultura que los niños tienen que aprender y empiezan a desarrollarse espacios donde los niños tienen más competencias que los docentes para dar cuenta de lo que realmente pasa, sobre todo cuando hablamos de las nuevas tecnologías de la información. Para que los docentes puedan “hacer frente” a estos inconvenientes es importante que estén apoyados en otros profesionales. Cada profesional tendrá mucho para poner en común en la Escuela, no hay que ser especialista en dar clase para darla (no confundamos con que cualquiera puede hacer cualquier cosa).
Los medios de comunicación son agentes apartados de la escuela moderna o aparecen, en una primera instancia como un agente externo perturbador de la enseñanza escolar. Bien explica esto Len Masterman, por ejemplo, cuando se refiere al paradigma vacunador en la enseñanza de medios en Inglaterra (Masterman, L. “La revolución de la educación” en “La revolución de los medios audiovisuales”. Ediciones de la torre, Madrid, 1993). Como caracterizan varios autores y estudiosos es necesario que la enseñanza en medios se piense a partir de entender que hoy existe un sujeto consumidor y, que estos sujetos, son el objetivo de los medios masivos de comunicación en términos económicos.

La ideología en la escuela.

En términos pedagógicos, es mucho más factible que se pueda pensar críticamente una postura si se la escucha abiertamente y sin preconceptos que si se la trata de discutir ideológicamente con el objeto de hacer cambiar de idea al oponente discursivo, además de que supone ser una práctica democrática. Pero también está muy claro que lo ideológico no puede desaparecer de ningún modo de lo pedagógico. No concuerdo con Cristina Corea cuando explica que la interpretación no es “un requisito para habitar el entorno informacional”. Que no sea un requisito para los niños se debe, como bien explica ella misma, a que la sociedad acostumbra a los niños a “no pensar”. Esto, asimismo, no quita que puedan desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que hacen. Corea es muy taxativa en eso: “No hay lectura ideológica que sirva de guía de análisis respecto de estos fenómenos” – refiriéndose a las formas de ver televisión de los niños-. Entiendo, al contrario, que la crítica ideológica debe aparecer siempre en lo pedagógico. La única forma de que el niño consumidor tenga conciencia de sí mismo como tal es que aparezca la crítica ideológica de algún modo, en algún lado. Pondrá en términos políticos cuál es la situación de todas las personas frente a los medios (así como lo hace con el resto de los agentes sociales).
Entiendo, a su vez, que es fundamental que, mientras el neoliberalismo proponga un niño sujeto consumidor, se piensen otras formas críticas sobre las cuáles trabajar: Las representaciones de los niños y los docentes, sus preguntas sobre el mundo a partir de lo que ven en los medios y cómo pueden pensarse esos sujetos como sujetos productores de medios. A su vez, es obvio que hablar de una visión crítica sobre el niño consumidor no excluye, ni incluye per se, la crítica ideológica a dicho sujeto.
Cuando Lewkowicz caracteriza que en la modernidad tardía cae la idea de progreso por su imposibilidad práctica olvida, creo, ciertos aspectos que, mientras el sistema de producción capitalista exista, no van a dejar de repercutir en todas nuestras instituciones. Nos dice Lewkowicz: “Con la idea de progreso del iluminismo, la educación aparecía como una forma fundamental de volver útiles a los individuos. Caída la cuestión del progreso por su imposibilidad práctica, ¿sigue siendo la escuela un lugar que vuelva útiles a los individuos para la sociedad?, ¿se resignifica su función?, ¿qué queremos hacer nosotros con todo esto?” (Lewkowicz, op. Cit) Entiendo que mientras el sistema capitalista exista, no solo va a existir la escuela como institución “reguladora” sino que además tenderá a “producir ciudadanos” para que sean útiles a la división social del trabajo.
Como escribió Lenin, “hay solo dos formas de pensar al mundo: la forma burguesa y la forma socialista”. Que el neoliberalismo haya descentrado el lugar del Estado, de la escuela y de otras instituciones; que se mueva más capital financiero que capital productivo; que los sujetos, y en nuestro caso particular los niños, ya no se vean como algo estático, ignorante, que hay que llenar de conocimiento no significa que estas dos formas de pensar al mundo sigan existiendo y que sólo de esas dos formas de lo puede pensar. De modo que pensar en formas pedagógicas que promuevan sujetos concientes de la realidad en un sistema capitalista no quiere decir específicamente “bajar línea” de una idea “totalizante” del mundo. Se pueden encontrar formas en que los niños, que los sujetos, hagan sus propios caminos sin ideologías totalizantes, porque si pensamos en no “bajar línea” de la idea socialista estaremos “bajando línea” de la idea burguesa.

No hay comentarios: