Alquilar un gran lugar, que albergue a muchos ciudadanos, colgar luces, pantallas gigantes y poner música bien alto. Allí pueden convivir la marcha, la cumbia, Fito Paez, Soda Stereo y Los Redonditos de Ricota, como en cualquier boliche. Eso es lo que gana en las elecciones. Los festejos de los “militantes” PRO se desarrollaron en Costa Salguero, con luces amarillas, televisores plasma de mil pulgadas, un escenario sobrio con solo dos puff donde los candidatos electos hablaron sin ninguna marca pomposa, de pie y sin sacos puestos. Eso es lo que gana en la capital y la provincia de Buenos Aires.
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?
Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.
Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.
Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes
Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.
domingo, 28 de junio de 2009
miércoles, 17 de junio de 2009
La verdadera discusión sobre el museo
Un pequeño texto publicado en 2004 cuando se inauguraba el Museo de la Memoria. ¡ Cómo han cambiado las cosas entre los organismos desde ese momento!. ¿Cómo?. Les pregunto....
Desde hace años la lucha de universitarios, organizaciones de defensa de los derechos humanos, organizaciones políticas y gran parte de la sociedad civil en todo el territorio argentino persevera en los pedidos y las manifestaciones para que se acepte en este país la verdadera “versión” de los hechos a partir de 1976. Luchar por los derechos humanos le ha costado a la Argentina muchos perseguidos y muertos después de 1983 (eso no es ninguna novedad para nadie que sea parte de esta lucha) pero si lo parecerá para muchos otros. No sólo ha costado porque mucha gente se molesta con la verdad sobre sus actos en el pasado, como Astiz, Acosta y tantos más, sino también porque nada se modificó en demasía en nuestras estructuras institucionales de modo que hubo que enterarse de María Soledad Morales, del soldado Carrasco, Victor Choque, José Luis Cabezas, de los crímenes de Dársena en Santiago, entre otros, y hay, todavía, que vencer a tipos como Bussi, Patti, Rico y los Juárez.
Las luchas del pueblo argentino y de las organizaciones de derechos humanos han rendido también sus frutos. La instalación del Museo de la Memoria en la ESMA es un logro de la perseverancia en la lucha popular. Hay opiniones divididas entre los luchadores sobre si es correcta o no la existencia de un museo y su significación. Algunas organizaciones políticas de izquierda y las Madres de Plaza de Mayo comandadas por Hebe de Bonafini no están completamente de acuerdo. Hebe de Bonafini declaró públicamente que “nosotras preferimos que algún día allí se pueda hacer una escuela de arte y que se vayan los milicos, pero para eso falta mucho” , además de pedirle expresamente a Kirchner que ninguno de los gobernadores peronistas vayan al acto de inauguración del proyecto en la ESMA el miércoles próximo (cuyo derecho de ir se habían arrogado en la última reunión de gobernadores peronista de la semana pasada en Córdoba.) Otros se inclinan más hacia la postura del presidente que cree en la importancia del museo por lo importante de “mojarle la oreja” a la Armada en su propio espacio y en el lugar más emblemático de los dictadores. Y lo que en algunos pequeños ámbitos, afortunadamente, se discute es esto y no otras pantallas de banalidad. Esta es la discusión que hay que mantener y promover, no la que siempre se publica masivamente.
Esa discusión entre los que hablamos de terrorismo de Estado y los que hablan de una guerra entre dos demonios (gracias a Ernesto Sábato) no debe existir más. Continuar alimentando esa dicotomía fabricada para que los genocidas tengan alguna excusa provoca exactamente eso, darle excusas a los genocidas. Esa no es la discusión. Lo real es que se proyecta un Museo de la Memoria en la ESMA, veremos si el gobierno cumple con su construcción, y luego discutiremos para qué nos sirve ese museo, si nos sirve y no otras cosas.
Desde hace años la lucha de universitarios, organizaciones de defensa de los derechos humanos, organizaciones políticas y gran parte de la sociedad civil en todo el territorio argentino persevera en los pedidos y las manifestaciones para que se acepte en este país la verdadera “versión” de los hechos a partir de 1976. Luchar por los derechos humanos le ha costado a la Argentina muchos perseguidos y muertos después de 1983 (eso no es ninguna novedad para nadie que sea parte de esta lucha) pero si lo parecerá para muchos otros. No sólo ha costado porque mucha gente se molesta con la verdad sobre sus actos en el pasado, como Astiz, Acosta y tantos más, sino también porque nada se modificó en demasía en nuestras estructuras institucionales de modo que hubo que enterarse de María Soledad Morales, del soldado Carrasco, Victor Choque, José Luis Cabezas, de los crímenes de Dársena en Santiago, entre otros, y hay, todavía, que vencer a tipos como Bussi, Patti, Rico y los Juárez.
Las luchas del pueblo argentino y de las organizaciones de derechos humanos han rendido también sus frutos. La instalación del Museo de la Memoria en la ESMA es un logro de la perseverancia en la lucha popular. Hay opiniones divididas entre los luchadores sobre si es correcta o no la existencia de un museo y su significación. Algunas organizaciones políticas de izquierda y las Madres de Plaza de Mayo comandadas por Hebe de Bonafini no están completamente de acuerdo. Hebe de Bonafini declaró públicamente que “nosotras preferimos que algún día allí se pueda hacer una escuela de arte y que se vayan los milicos, pero para eso falta mucho” , además de pedirle expresamente a Kirchner que ninguno de los gobernadores peronistas vayan al acto de inauguración del proyecto en la ESMA el miércoles próximo (cuyo derecho de ir se habían arrogado en la última reunión de gobernadores peronista de la semana pasada en Córdoba.) Otros se inclinan más hacia la postura del presidente que cree en la importancia del museo por lo importante de “mojarle la oreja” a la Armada en su propio espacio y en el lugar más emblemático de los dictadores. Y lo que en algunos pequeños ámbitos, afortunadamente, se discute es esto y no otras pantallas de banalidad. Esta es la discusión que hay que mantener y promover, no la que siempre se publica masivamente.
Esa discusión entre los que hablamos de terrorismo de Estado y los que hablan de una guerra entre dos demonios (gracias a Ernesto Sábato) no debe existir más. Continuar alimentando esa dicotomía fabricada para que los genocidas tengan alguna excusa provoca exactamente eso, darle excusas a los genocidas. Esa no es la discusión. Lo real es que se proyecta un Museo de la Memoria en la ESMA, veremos si el gobierno cumple con su construcción, y luego discutiremos para qué nos sirve ese museo, si nos sirve y no otras cosas.
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