Yo sé que la lingüística no es mi especialidad, sino la del dueño del blog, pero me permito hacer algunas discreciones al respecto.
Me enojan los intelectuales que usan la arroba para neutralizar el género de las palabras, escribiendo compañer@s, amig@s, etc.
Si, me enojan y me parecen un poco patéticos en su intento. Y no por creerme un ser superior que domina el idioma a la perfección, ni por negar la contínua y loable evolución del español.
Ya el uso del “/as” o “/os” resultaba horrible para cualquier lector que disfrute de las palabras, de su textura, de su ritmo y cadencia, pero la arroba excede por mucho aquella molestia.
He llegado aún a extrañar el uso de la frase “niños, niñas y adolescentes” que la profesora Mary Bellof usaba en lugar del simple "niños", que en su momento me parecía insoportable.
¿Es que esta gente no comparte lo que escribe? ¿Cómo leer con un amigo un texto así? ¿Cómo debatir y discutir ideas, si uno no puede leer en voz alta lo que escribe?
Imaginemos al escriba recitando: “compañerarrobas, en nuestra lucha por conseguir un puesto de diputadarroba, que nos permita proteger a los niñarrobas que se encuentran en situación de exclusión…”, y así hasta el hartazgo.
Insoportable.
Por eso, desde este humilde espacio, propongo que evitemos las deformaciones inútiles del idioma, o al menos, aquellas deformaciones que lo convierten en un “pseudolenguaje blogger”.
Luchemos por la igualdad de género de otras formas, mas productivas y, sobre todo, mas lindas de leer.
lunes, 6 de julio de 2009
viernes, 3 de julio de 2009
Sobre las elecciones II
Trataré de reunir brevemente mis respuestas a los diferentes comentarios sobre el primer posteo acerca de las elecciones
El Dr. Feldman particularmente mencionó algo que me parece que recorre todo el debate y que es importante marcar. Decía que defería conmigo por ideologías políticas. Es verdad, estamos discutiendo ideologías por eso me parece detenerme un poco en este punto para definir qué pienso, que me significa. La ideología no es solo una forma de pensar las cosas sino, además, una forma de hacer las cosas. A su vez, no es solo una forma de hacer las cosas sino cómo se desarrolla históricamente la práctica política. Así para pensar en las diferencias ideológicas deberíamos pensar históricamente cómo se desarrollan las expresiones y los hechos de estas diferencias.
Considerar, por ejemplo, como señala en Lic. Rua, que la Izquierda Nacional tiene un problema con respecto a la política electoral o que tiene problemas para generar una “alternativa atrayente” para los electores, no es pensar históricamente las diferencias. Primero entiendo que la izquierda ha tenido mucha participación electoral y ha tenido sus victorias. Generalmente las clases dominantes tienen más fuerza y esas victorias “desaparecen” de la historia popular. Una de estas puede ser la mencionada de Zamora posterior al 2001, pero podemos agregar que durante los años ’70 ha participado y ganado muchos lugares en las instituciones del Estado. Militantes de Montoneros o ERP, por ejemplo, han ocupado bancas legislativas o incluso han llegado a la gobernación de la provincia de Córdoba en el año 1973, cosa no menor. Podemos agregar también, las grandes elecciones del M.A.S. del ’83 al ’89. Y podríamos seguir citando, aunque no todas las experiencias tienen las mismas intenciones.
Además, entender que esa izquierda que “más o menos apoya tus (mis) postulados” tiene una visión de no participación electoral, es un error. Primero porque, como mencione más arriba, los diferentes partidos o movimientos de izquierda, en otros contextos han participado. Segundo, porque no todos los partidos o movimientos son “más o menos” de izquierda. Tratar de englobar a los partidos marxistas o que piensan en un cambio revolucionario en un montículo de “Izquierda Nacional” es un error histórico y es comprar el discurso dominante. Con estas consideraciones no quiero explicitar que hay que putear desde afuera y seguir como grupo iluminado e inmaculado, lo que quiero explicar es que el pensamiento dominante quiere dejar bien en claro que lo que rige es el número de votos y aquel que busca un cambio debe, mínimamente tratar de escapar a esa lógica. Dice Iñaki Gil de San Vicente, pensador y militante del movimiento nacionalista vasco (que es mucho más que la ETA): “Pese a la fuerza alienadora de todos los instrumentos del poder, siempre subsisten personas que mantienen su conciencia crítica y que quieren seguir luchando, especialmente en los peores momentos, tras las grandes derrotas”. Esa, creo, es la idea.
Por último me gustaría considerar algunos otros puntos de lo que mencionaban.
La Arq. Santana decía que no es bueno jugar con la cancha embarrada y que las elecciones se pueden usar a favor del campo popular. Estoy de acuerdo. Nadie puede negar eso sobre todo a partir de las consideraciones del marxismo cultural sobre cómo viven, sienten y piensan las clases populares. Creo, también, que si las clases populares no tienen un proyecto de poder muchas veces pierde sentido la intervención electoral. El poder no se construye nunca a partir de llenar una legislatura de proyectos de ley sin sancionar, porque la “gente” no necesita (por lo menos lo veo así) que le “demuestren” nada. Necesita participar, ver organización donde pueda discutir sus problemas buscando opciones de poder. El poder se construye en la participación en la pelea por las reivindicaciones de nuestras necesidades, no en el parlamento ni en el ejecutivo peleando por migajas.
Esto quiere decir que el campo popular tiene que crear sus propias instituciones. No es que se deja de ver que esta máxima de la participación bajo un proyecto de poder no es masivamente considerada, sino que significa que, si el campo popular no tiene salida peleando de a poquito los espacios de poder de la burguesía, no puede darle mucha importancia a las elecciones.
El Dr. Feldman particularmente mencionó algo que me parece que recorre todo el debate y que es importante marcar. Decía que defería conmigo por ideologías políticas. Es verdad, estamos discutiendo ideologías por eso me parece detenerme un poco en este punto para definir qué pienso, que me significa. La ideología no es solo una forma de pensar las cosas sino, además, una forma de hacer las cosas. A su vez, no es solo una forma de hacer las cosas sino cómo se desarrolla históricamente la práctica política. Así para pensar en las diferencias ideológicas deberíamos pensar históricamente cómo se desarrollan las expresiones y los hechos de estas diferencias.
Considerar, por ejemplo, como señala en Lic. Rua, que la Izquierda Nacional tiene un problema con respecto a la política electoral o que tiene problemas para generar una “alternativa atrayente” para los electores, no es pensar históricamente las diferencias. Primero entiendo que la izquierda ha tenido mucha participación electoral y ha tenido sus victorias. Generalmente las clases dominantes tienen más fuerza y esas victorias “desaparecen” de la historia popular. Una de estas puede ser la mencionada de Zamora posterior al 2001, pero podemos agregar que durante los años ’70 ha participado y ganado muchos lugares en las instituciones del Estado. Militantes de Montoneros o ERP, por ejemplo, han ocupado bancas legislativas o incluso han llegado a la gobernación de la provincia de Córdoba en el año 1973, cosa no menor. Podemos agregar también, las grandes elecciones del M.A.S. del ’83 al ’89. Y podríamos seguir citando, aunque no todas las experiencias tienen las mismas intenciones.
Además, entender que esa izquierda que “más o menos apoya tus (mis) postulados” tiene una visión de no participación electoral, es un error. Primero porque, como mencione más arriba, los diferentes partidos o movimientos de izquierda, en otros contextos han participado. Segundo, porque no todos los partidos o movimientos son “más o menos” de izquierda. Tratar de englobar a los partidos marxistas o que piensan en un cambio revolucionario en un montículo de “Izquierda Nacional” es un error histórico y es comprar el discurso dominante. Con estas consideraciones no quiero explicitar que hay que putear desde afuera y seguir como grupo iluminado e inmaculado, lo que quiero explicar es que el pensamiento dominante quiere dejar bien en claro que lo que rige es el número de votos y aquel que busca un cambio debe, mínimamente tratar de escapar a esa lógica. Dice Iñaki Gil de San Vicente, pensador y militante del movimiento nacionalista vasco (que es mucho más que la ETA): “Pese a la fuerza alienadora de todos los instrumentos del poder, siempre subsisten personas que mantienen su conciencia crítica y que quieren seguir luchando, especialmente en los peores momentos, tras las grandes derrotas”. Esa, creo, es la idea.
Por último me gustaría considerar algunos otros puntos de lo que mencionaban.
La Arq. Santana decía que no es bueno jugar con la cancha embarrada y que las elecciones se pueden usar a favor del campo popular. Estoy de acuerdo. Nadie puede negar eso sobre todo a partir de las consideraciones del marxismo cultural sobre cómo viven, sienten y piensan las clases populares. Creo, también, que si las clases populares no tienen un proyecto de poder muchas veces pierde sentido la intervención electoral. El poder no se construye nunca a partir de llenar una legislatura de proyectos de ley sin sancionar, porque la “gente” no necesita (por lo menos lo veo así) que le “demuestren” nada. Necesita participar, ver organización donde pueda discutir sus problemas buscando opciones de poder. El poder se construye en la participación en la pelea por las reivindicaciones de nuestras necesidades, no en el parlamento ni en el ejecutivo peleando por migajas.
Esto quiere decir que el campo popular tiene que crear sus propias instituciones. No es que se deja de ver que esta máxima de la participación bajo un proyecto de poder no es masivamente considerada, sino que significa que, si el campo popular no tiene salida peleando de a poquito los espacios de poder de la burguesía, no puede darle mucha importancia a las elecciones.
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