jueves, 8 de octubre de 2009

Meditaciones sobre el cuerpo I

Parte 1 Pensar la filosofía y el cuerpo

¿Quién soy?

Responder esta pregunta es una tarea ardua para cualquier persona. Principalmente lo es porque difícilmente alguien se lo pregunte. En estas épocas, signadas por los cambios tecnológicos, la velocidad y donde la imagen parece explicarlo todo, nuestras condiciones humanas aparecen desaparecidas. Lewis Mumford nos ayuda a entender este fenómeno cuando piensa la actual realidad de la ciencia y la técnica: “ El método de la ciencia y la tecnología en sus formas perfeccionadas implica una esterilización del ego, una eliminación, dentro de lo posible, de toda tendencia y preferencia humana, incluyendo la complacencia humana en la propia imagen del hombre y la creencia instintiva en las representaciones inmediatas de sus fantasías”[i]. De este modo, cuando tratamos de responder esta pregunta se nos hace difícil pensar el ser, ya que lo humano está velado[ii]. Allí lo primero que hacemos es dudar de todo. Nos parece que como seres humanos estamos lejos de todo lo que nos pasa. Así estoy al momento de responder esta pregunta. No estoy muy seguro de nada.

De modo que, para responder a esta pregunta, el primer acercamiento que debo hacer es aquel del que partía Descartes en la primera de sus Meditaciones Metafísicas: Debo romper todas mis anteriores opiniones[iii]. Todas las cosas que sé sobre la forma en que me puedo entenderme con los otros que me rodean las tengo que poner en duda, los usos de las tecnologías, de las herramientas, etc. Dudo de lo que es el otro, de lo que son las cosas, de lo que son las técnicas de progreso humano que me permiten entablar una relación “x” con los otros y con las cosas. Dudo de mí, es decir, no sé bien quién soy.

El hecho de dudar sobre mí e intentar romper todas las opiniones que tenía antes no me lleva, sin embargo, a seguir el razonamiento de Descartes e ir en búsqueda de la verdad sobre mí, sobre la existencia de Dios. Esta duda me lleva a preguntarme sobre las cosas, sobre las tecnologías y sobre mi relación con ellas. Me pregunto sobre cómo son esas relaciones, no me interesa acercarme a la Verdad. Me interesa definirme a través de las prácticas que realizo, que, por otra parte es la otra certeza de la que parte el mismo Descartes: La certeza de la existencia del cuerpo[iv].

¿Quién soy yo?

Entiendo que, a través del cuerpo, de la experiencia vivida llevo a entenderme con ellas, con las cosas, y será allí donde puedo atinar una respuesta a la pregunta inicial: ¿quién soy?. Encuentro un punto de partida para pensar desde la práctica desde que Marx desarrolló su frase famosa: “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”[v]. Es pertinente, quizás, responderme primero por qué encuentro unida la experiencia al cuerpo y la respuesta se me hace fácil, más allá de cualquier teoría filosófica o antropológica: porque las cosas las hago con el cuerpo.

Desde mediados del siglo XIX, quizás no es casual que sea en ese momento, se comienza a pensar las prácticas humanas como determinantes de la existencia, del ser. Hoy podríamos llamar estos pensamientos teoría de la praxis, después de teóricos como Nietzsche, Horkheimer, Gramsci, etc. Por ejemplo, cuando Michel Henry reflexiona sobre la práctica del trabajo, desde esta teoría, deja bien en claro la pertinencia del cuerpo en el análisis: “ Es el despliegue irreductiblemente singular del poder de un cuerpo en esencia individual, y en esta realización muda de las potencialidades de la subjetividad orgánica librada a lo inefable de su noche, él solo “sabe” lo que él es de sí mismo, de su esfuerzo y de su sufrimiento”[vi]. Más allá de las consideraciones sobre la concepción de Marx y el marxismo sobre el trabajo, se muestra la importancia del cuerpo en la relación y reconocimiento de lo que soy/ somos.

El cuerpo, mi cuerpo, aparece puesto acá. El cuerpo, otro cuerpo del otro, aparece puesto acá. Pensar y reflexionar en este sentido se pueda hacer quizás desde el psicoanálisis lacaniano, pero antes nos podemos encontrar con algunas consideraciones que pueden acercarme a una respuesta al cuerpo y, por lo tanto, a responder la pregunta inicial: ¿quién soy?.

Hay una relación evidente entre lo que pienso y lo que hago con mi cuerpo. No sé si primero pienso y después hago, si primero hago y luego pienso, de lo que sí estoy seguro es de que, como explicaba más arriba, me relaciono con el mundo porque pienso esa relación. Ese pensamiento sobre lo que hago y cómo lo hago quizás sea una respuesta a la pregunta. Pero, ¿qué es lo que hace reaccionar al cuerpo?, ¿de dónde salen las acciones de mi cuerpo?. Un acercamiento a estas preguntas lo desarrolla Gregory Bateson cuando piensa la relación entre la mente y el cuerpo. Dice en una conferencia en 1970: “Intelectualmente puedo plantarme ante ustedes y brindarles una exposición razonada de este asunto – nuestra forma de pensar- ; pero si corto un árbol, todavía sigo pensando: Gregory Bateson está talando el árbol. Yo estoy talando el árbol. ‘Yo mismo’ sigue siendo para mi un objeto excesivamente concreto, diferente del resto de lo que he llamado ‘mente’.”[vii]. Esta relación indisoluble entre la mente y el cuerpo me lleva a pensar que yo soy esa relación, pero en esa conferencia Bateson afirma algo que me ayuda a seguir pensando y a poner en duda algunas cosas que pienso hasta ahora: “Considero que la delimitación de una mente individual depende siempre de cuales son los fenómenos que queramos comprender y explicar. Es obvio que existen cantidades de vías de mensaje fuera de la piel y estas, junto con los mensajes que transportan deben ser incluidas como parte del sistema mental toda vez que sean pertinentes“[viii]

Me resulta muy interesante esta idea de que lo que delimita una mente individual, un pensamiento, depende siempre de lo que queramos explicar. Si yo quiero explicar quién soy, ¿cómo se delimita mi pensamiento?. Quizás para Bateson lo que lo delimita sean las cosas que rodean ese pensamiento, en este caso ese quién soy. Ahora ese quién soy pueden ser esas prácticas que yo realizo, esa relación que establece mi mente y mi cuerpo con las cosas. Vuelvo hasta acá a la idea de Henry sobre el individuo a partir de la teoría de la praxis. Entiendo que no hay otra manera de responder(me) quién soy yo.

Ahora, pienso que partir de la teoría de la praxis, me “obligo” a preguntarme sobre qué relación mantengo yo con las cosas y con los otros, con las otras personas que me rodean cuando realizo mis actividades, cualquiera sean estas। Me pregunto entonces si yo soy algo diferente de lo que son las cosas y de lo que son los otros que me rodean. Nuevamente me aparece esa idea de que estoy determinado por la vida, por lo que hago y no por lo que pienso. Además la diferencia entre lo que soy, lo que son las cosas y lo que son los otros me aparece, llamativamente, como algo definido por la esencia de lo que hago porque yo hago algo, las cosas hacen algo y los otros hacen algo. Es decir, yo, las cosas y los otros somos parte de lo mismo, pero ¿ de qué somos parte?

¿Quién soy nosotros?

Todos, yo, las cosas y los otros somos partes de lo mismo. Es decir, somos el mundo. Así caben las preguntas ¿ Qué es el mundo?, ¿Qué somos nosotros?, en vez de preguntar(me), ¿quién soy yo?. Tengo, entonces que preguntarme si hay diferencia entre lo que esta dentro y fuera de mí. Me pregunto: ¿Qué es lo interior y lo exterior a mí? Explica Toshihiko Izutsu: “En la formación espiritual del Extremo Oriente, el problema de la distinción y de la relación entre el interior y el exterior ha jugado siempre un papel determinante”[ix]. Si yo me lo pregunto desde Occidente y esta duda surge también con importancia en Oriente podría animarme a decir que entre Oriente y Occidente no hay grandes diferencias.

Pienso que quizás no haya diferencias en las prácticas entre Oriente y Occidente. Todos necesitamos ciertas cosas para subsistir. La diferencia, entonces, podría estar en cómo hacemos las cosas, en cómo nos relacionamos con las cosas y con los otros seres humanos. La diferencia en cómo hacemos las cosas me queda maravillosamente explicada en el ejercicio del tiro con arco que realiza Eugen Herrigel con su maestro Zen[x]. ¿Ahí estará la respuesta a quién soy?. Pienso, ¿en esa diferencia de prioridades?, ¿la misma desesperación de Descartes por la Verdad no es la desesperación de Herrigel por no dar en el blanco con la flecha?. Parece que sí.

Parece que la forma en que hacemos las cosas es la que determina quienes somos. Ahí está la diferencia entre yo, las cosas y los otros seres humanos. Este lugar es el que me encuentro, ahora, estancado. ¿Cómo encuentro las diferencias entre lo que yo hago y mi “exterior”? ¿Cómo puedo pensar qué hago si no es comparándola con lo que hacen las cosas y lo que hacen los demás?. Estas son las preguntas de las que parte Gramsci en su artículo “¿Qué es el hombre?” para pensar las relaciones sociales: “Es la pregunta primera y principal de la filosofía. ¿Cómo contestarla? La definición puede hallarse en el hombre mismo, o sea, en cada individuo. Pero, ¿ es correcta?. En cada hombre puede hallarse lo que es cada hombre individual.” [xi] Y se responde algo que arrima una pequeña respuesta desde la filosofía de la praxis: “Decimos, pues, que el hombre es un proceso y precisamente el proceso de sus actos”.[xii] He aquí una diferencia, entonces. Soy el proceso de mis actos lo que me pone indefectiblemente en relación con las demás cosas, con los otros que están “fuera” de mí.

¿Qué es un proceso, entonces? Son todos los acontecimientos de mi historia personal, todos los acontecimientos de la historia humana, todo el tiempo que me llevó llegar a hacer lo que estoy haciendo que es lo que me puede permitir responder(me) quién soy. Es todo el tiempo que sea necesario hasta que Herrigel “comprenda” que lo indispensable no es acertar en el blanco, sino que lo importante es el proceso. La importancia del proceso es la que me ayuda a ver quién soy pero también me ayuda a pensar que hacer, cómo seguir y hasta donde “avanzar”. Incluso cuando la filosofía Zen explica que yo soy indisoluble del resto del mundo aparece la importancia de ese proceso, de ese “camino” para llegar a la Verdad, para vivenciar ese instante de iluminación.

Comencé, para responder esta pregunta, del punto de dudar de todo para encontrar la existencia de mis actos, de mi cuerpo y de las relaciones que se encuentran a través de esa existencia con las cosas y con los otros. Lo que me queda claro, entonces, en principio es que debo pensar lo que soy a partir de lo que soy en sociedad. Ahora, dice Gramsci al terminar su artículo ya citado anteriormente: “ Es un lugar común que el hombre no puede concebirse sino como viviendo en sociedad; pero no se infieren de ese lugar común todas las consecuencias necesarias individuales; también es un lugar común que una determinada sociedad humana presupone una determinada sociedad de las cosas, y que la sociedad humana es posible solo en la medida en que existe una determinada sociedad de las cosas”.[xiii]

Puedo pensar, desde ahí, que más allá de concebirme en sociedad debo ver la particularidad de mi ser, del qué soy que trato de responder(me) a partir de pensar qué animan mis actos en la sociedad y por qué proceso he transitado para llegar a dónde llegué। Es un intento de respuesta, todo el tiempo estoy preguntándome, todo el tiempo estamos preguntándonos quiénes somos, a pesar de vivir en una época que nos invita a no hacerlo. He aquí también la respuesta.


[i] Mumford, L.“Preparación cultural”, Cap.1 en Técnica y civilización. Madrid: Alianza Editorial, 1971.
[ii] Heidegger, M. “La pregunta sobre la técnica” en Revista Ciencia y Técnica. Santiago de Chile. 1983.
[iii] Descartes, R. “Meditaciones acerca de la filosofía primera, en las cuales...” en Meditaciones metafísicas. En la meditación primera Descartes explaya esta idea del siguiente modo: “ ...ahora que mi espíritu está libre de todo cuidado, habiendo procurado reposo en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir en general todas mis antiguas opiniones”
[iv] Descartes, R. Op. Cit. Meditación segunda.
[v] Marx, K. Engels, F. En La ideología alemana. Santiago Rueda Editores, Buenos Aires, 2005. Pag. 26
[vi] Henry, M. “La vida y la muerte del marxismo” en Metodología de las Ciencias Sociales.
[vii] Bateson, G. “Forma, sustancia y diferencia” en Pasos hacia una ecología de la mente. Pag. 489
[viii] Bateson, G. Op. Cit. Pag. 493
[ix] Izutsu, T. “El interior y el exterior en el budismo Zen” Cap. 3 en El Koan Zen. Pag. 103
[x] Herrigel, E. El Zen en el arte del tiro con arco.
[xi] Gramsci, A. ¿Qué es el hombre? En Antología. Buenos Aires, Siglo XXI Editores. 2004. Pag. 437
[xii] Gramsci, A. Op Cit.
[xiii] Gramsci, A. Op Cit.

2 comentarios:

Juan R dijo...

Rodeados, como estamos, de gente que "es" abogada, médica, estudiante o ama de casa. Que tan fácilmente entrega la definición de su ser a su trabajo, estas reflexiones suman, y mucho.

Aún cuando necesite mucho mas tiempo y lecturas para entender mejor su sentido y poder definir si para mí son inteligentes o una imbecilidad.

La pregunta, lanzada al aire, a la "blogósfera", me parece realmente muy valiosa.

Saludos y a seguir pensando colectivamente.

Nicolás dijo...

En eso estamos, tratando de descubrir si son una inbecilidad o no. Lo primero cierto y comprobable es que tenemos un cuerpo.
Seguiremos estos debates, hay mínimo dos meditaciones más adelante.
Estamos pensando, actuando