domingo, 28 de junio de 2009
Sobre las elecciones
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?
Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.
Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.
Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes
Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.
miércoles, 17 de junio de 2009
La verdadera discusión sobre el museo
Desde hace años la lucha de universitarios, organizaciones de defensa de los derechos humanos, organizaciones políticas y gran parte de la sociedad civil en todo el territorio argentino persevera en los pedidos y las manifestaciones para que se acepte en este país la verdadera “versión” de los hechos a partir de 1976. Luchar por los derechos humanos le ha costado a la Argentina muchos perseguidos y muertos después de 1983 (eso no es ninguna novedad para nadie que sea parte de esta lucha) pero si lo parecerá para muchos otros. No sólo ha costado porque mucha gente se molesta con la verdad sobre sus actos en el pasado, como Astiz, Acosta y tantos más, sino también porque nada se modificó en demasía en nuestras estructuras institucionales de modo que hubo que enterarse de María Soledad Morales, del soldado Carrasco, Victor Choque, José Luis Cabezas, de los crímenes de Dársena en Santiago, entre otros, y hay, todavía, que vencer a tipos como Bussi, Patti, Rico y los Juárez.
Las luchas del pueblo argentino y de las organizaciones de derechos humanos han rendido también sus frutos. La instalación del Museo de la Memoria en la ESMA es un logro de la perseverancia en la lucha popular. Hay opiniones divididas entre los luchadores sobre si es correcta o no la existencia de un museo y su significación. Algunas organizaciones políticas de izquierda y las Madres de Plaza de Mayo comandadas por Hebe de Bonafini no están completamente de acuerdo. Hebe de Bonafini declaró públicamente que “nosotras preferimos que algún día allí se pueda hacer una escuela de arte y que se vayan los milicos, pero para eso falta mucho” , además de pedirle expresamente a Kirchner que ninguno de los gobernadores peronistas vayan al acto de inauguración del proyecto en la ESMA el miércoles próximo (cuyo derecho de ir se habían arrogado en la última reunión de gobernadores peronista de la semana pasada en Córdoba.) Otros se inclinan más hacia la postura del presidente que cree en la importancia del museo por lo importante de “mojarle la oreja” a la Armada en su propio espacio y en el lugar más emblemático de los dictadores. Y lo que en algunos pequeños ámbitos, afortunadamente, se discute es esto y no otras pantallas de banalidad. Esta es la discusión que hay que mantener y promover, no la que siempre se publica masivamente.
Esa discusión entre los que hablamos de terrorismo de Estado y los que hablan de una guerra entre dos demonios (gracias a Ernesto Sábato) no debe existir más. Continuar alimentando esa dicotomía fabricada para que los genocidas tengan alguna excusa provoca exactamente eso, darle excusas a los genocidas. Esa no es la discusión. Lo real es que se proyecta un Museo de la Memoria en la ESMA, veremos si el gobierno cumple con su construcción, y luego discutiremos para qué nos sirve ese museo, si nos sirve y no otras cosas.
jueves, 21 de mayo de 2009
¿Se puede pensar un proyecto político moderno frente a nuevas subjetividades y una escuela en crisis?

Por Nicolás Scipione
Neoliberalismo y educación.
En estos años hablar de que el neoliberalismo cambió ciertas formas políticas e institucionales de nuestra sociedad suena a repetido. Está claro que el auge de las transacciones financieras transformó las formas de relacionarse entre el Estado y las instituciones, entre el Estado y la sociedad civil, y que el neoliberalismo no solo significa eso. Estas transformaciones muestran cómo funciona una empresa y también cómo se piensa la labor del Estado y de sus instituciones. Entre esas instituciones hay una primordial para el sistema político republicano: la escuela.
En particular en la Argentina, como casi en ningún otro país del mundo, fue la Escuela la institución que encabezó la puesta en marcha de la estructura del Estado Nación capitalista. Nuestro país a partir de la década de 1880 desarrolló una estructura de instituciones fuertes que fueron pensadas para organizar a la sociedad bajo determinados preceptos y no otros, es decir, tenía como objetivo forjar la conciencia nacional (Lewkowicz, I. “Escuela y Ciudadanía” en Pedagogía del aburrido. Buenos Aires. Paidos.) . Las escuelas, las cárceles, los hospitales psiquiátricos, entre otras tantas, se instalaron fuertemente en nuestro país desde esos años y funcionaron como instituciones de encierro. Estas instituciones no solo estructuraron un sistema socio- político- económico sino que, además, tendieron a forjar las subjetividades que a éste le son útiles. El Estado Nación capitalista en Argentina, como en todas partes del mundo, funcionó, en palabras de Foulcault, como una sociedad de vigilancia y la Escuela era una de sus instituciones. Explica Lewkowicz que “La sociedad de vigilancia es un tipo de sociedad en la que se distribuyen espacios de encierro. La subjetividad se produce en instituciones que encierran una población homogénea y producen un tipo de subjetividad pertinente para ese segmento social” (Lewkowicz, op. Cit).
En particular en la institución escolar el capitalismo neoliberal impacta, como explica Tadeu Da Silva en su ponencia “Educación poscrítica, curriculum y formación docente”, en dos aspectos: uno estructural y otro político. En lo estructural porque cambian las prioridades en cuanto a la naturaleza del empleo y trabajo asalariado; y en lo político, porque el neoliberalismo interviene directamente en las políticas educativas para “promocionar” los nuevos intereses que aparenta el capital.
La educación en el neoliberalismo, entiendo que ya ha dejado de ser la representación fundamental de la formación social, ya no es la que marca los principios rectores de una Nación ni la que delimita la acción ciudadana, que ya no ocupa el mismo lugar que antes en términos de producción capitalista –aunque la base del sistema capitalista siga siendo la producción de mercancías-, y que ya no tiene la misma “influencia” sobre sus educandos ni sobre sus educadores.
Las nuevas subjetividades y la Escuela.
Hay nuevas subjetividades puestas en juego en una Escuela Moderna en crisis.
A partir de allí podemos pensar en que la escuela se encuentra en un momento en que a perdido “peso” en la sociedad. Sus integrantes no son los mismos en términos subjetivos, el resto de las instituciones de la sociedad ya no la encuentra en el mismo lugar social, el Estado parece no poder intervenir sobre ella como en otros tiempos. Aparecen problemas de contenidos, problemas de formación docente, problemas sobre cómo pensar lo pedagógico. Como explican Dussel y Southwell en su análisis “Lenguajes en plural”, “no es suficiente, entonces, con seguir haciendo bien lo que se hacía hace un siglo: nos encontramos con otros sujetos, con otras estrategias, y con otras prácticas sociales que demandan otro tipo de enseñanza”. Aquel dispositivo de alianza escuela/ familia, aunque no sea este el que funda la institución, que expone Narodowski, ha tomado otras presentaciones. Desconocer que estos problemas existen, no solo es negar una situación objetiva dada, sino también es negarse a cambiar las cosas. De modo que, para intervenir en las escuelas tenemos que repensar nuestras prácticas como docentes, como ciudadanos, es decir, como sujetos políticos.
Nos encontramos entonces en un lugar donde habrá que revisar la situación de la estructura educacional en general. La situación de la educación pública, su relación- competencia con las escuelas privadas, la situación edilicia de los establecimientos, la situación salarial de los docentes, la problemática socio-económica de los alumnos, la crisis económica mundial. Si el alumno es una nueva subjetividad, el docente también lo es. Todos estos cambios tienen que estar en juego dentro de la institución, con los colegas, dentro y fuera del aula con los alumnos que ya no son esos viejos alumnos que nosotros fuimos.
Que la escuela se haya corrido de ese lugar central que antes poseía en nuestra sociedad significa que ya no debe haber cosas que no pueden entrar en ella, que todos los temas pueden y deben ser tratados en la institución. Seguir tratando a la escuela como una isla por fuera de lo que ocurre fuera de ella es algo imposible y, a su vez, tratar cualquier tema sin un sesgo crítico es algo que no se condice con su nuevo lugar. No solo habrá que entender que la sociedad neoliberal pone al niño en un lugar de sujeto consumidor sino que habrá que revisar qué significa que el niño sea un consumidor y en qué sirve al status quo del capitalismo.
Qué hacer con la escuela.
Entiendo que deberíamos comenzar por comprender que, como explica Viviana Minzi en su texto “Mercado para la infancia o infancia para el mercado”, “El niño es sujeto y, por sobre todas las cosas, sujeto consumidor. Tras su visión de negocio, empresas y corporaciones se vuelcan a la captura constante de consumidores como garantía de supervivencia y expansión”. Es decir, este nuevo agente social, el niño consumidor, no solo ocupa un nuevo lugar en la escuela y debemos dar cuenta de eso, sino que, además, juega un papel en la nueva estructura capitalista. Como lo juegan las inversiones financieras, los conglomerados monopólicos y oligopólicos, las economías de servicios y los capitales industriales estructurados en los países emergentes. Es allí donde aparecen las relaciones de los grandes capitales con la educación, los grandes fondos para financiar la educación privada y la falta de presupuesto estatal para la educación pública. Es decir, se ve claramente cual es el impacto en términos políticos del neoliberalismo en la escuela al que hace referencia Tadeu Da Silva (op. Cit.)
Todas las esferas de la sociedad, como las pensaría Weber, deben ponerse en relación en la escuela. No solo porque se puede ahora que esta institución presenta muros débiles, sino también porque la escuela nunca va a dejar de ser parte de un proyecto de sociedad. Evidentemente en este sentido es indispensable también que en la escuela entren algunos agentes sociales apartados en otras épocas como, por ejemplo, los trabajadores, los profesionales fuera de la docencia, los medios de comunicación.
Los trabajadores en sentido de dar cuenta específicamente del lugar económico esencial que muestra la escuela hoy. Se puede pensar, por ejemplo, cuál es el lugar de las personas que hacen a la estructura escolar y no son los docentes, ¿qué lugar ocupan y por qué? Así como se puede dar cuenta del lugar específico en el que se relacionaba antes la escuela con la división social del trabajo – el futuro de los alumnos-, y pensar en qué realidad social y bajo qué estructura económica se piensa a la escuela hoy.
Los profesionales fuera de la docencia hoy pueden jugar un papel importante ya que el docente de la escuela moderna se ve sobrepasado y muchas veces se encuentra incapaz de hacer frente a ciertas realidades sociales de los chicos, a ciertas situaciones del aula –sobre todo en aspectos pedagógicos y de disciplina-. Nos explica brevemente Tadeu Da Silva que uno de los esquemas del proyecto neoliberal repercute directamente sobre la formación docente (Tadeu Da Silva op. Cit.). Muchos ejemplos se pueden suceder a la hora de pensar en que en la escuela hoy ya no esta tan claro que existe una alta cultura que los niños tienen que aprender y empiezan a desarrollarse espacios donde los niños tienen más competencias que los docentes para dar cuenta de lo que realmente pasa, sobre todo cuando hablamos de las nuevas tecnologías de la información. Para que los docentes puedan “hacer frente” a estos inconvenientes es importante que estén apoyados en otros profesionales. Cada profesional tendrá mucho para poner en común en la Escuela, no hay que ser especialista en dar clase para darla (no confundamos con que cualquiera puede hacer cualquier cosa).
Los medios de comunicación son agentes apartados de la escuela moderna o aparecen, en una primera instancia como un agente externo perturbador de la enseñanza escolar. Bien explica esto Len Masterman, por ejemplo, cuando se refiere al paradigma vacunador en la enseñanza de medios en Inglaterra (Masterman, L. “La revolución de la educación” en “La revolución de los medios audiovisuales”. Ediciones de la torre, Madrid, 1993). Como caracterizan varios autores y estudiosos es necesario que la enseñanza en medios se piense a partir de entender que hoy existe un sujeto consumidor y, que estos sujetos, son el objetivo de los medios masivos de comunicación en términos económicos.
La ideología en la escuela.
En términos pedagógicos, es mucho más factible que se pueda pensar críticamente una postura si se la escucha abiertamente y sin preconceptos que si se la trata de discutir ideológicamente con el objeto de hacer cambiar de idea al oponente discursivo, además de que supone ser una práctica democrática. Pero también está muy claro que lo ideológico no puede desaparecer de ningún modo de lo pedagógico. No concuerdo con Cristina Corea cuando explica que la interpretación no es “un requisito para habitar el entorno informacional”. Que no sea un requisito para los niños se debe, como bien explica ella misma, a que la sociedad acostumbra a los niños a “no pensar”. Esto, asimismo, no quita que puedan desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que hacen. Corea es muy taxativa en eso: “No hay lectura ideológica que sirva de guía de análisis respecto de estos fenómenos” – refiriéndose a las formas de ver televisión de los niños-. Entiendo, al contrario, que la crítica ideológica debe aparecer siempre en lo pedagógico. La única forma de que el niño consumidor tenga conciencia de sí mismo como tal es que aparezca la crítica ideológica de algún modo, en algún lado. Pondrá en términos políticos cuál es la situación de todas las personas frente a los medios (así como lo hace con el resto de los agentes sociales).
Entiendo, a su vez, que es fundamental que, mientras el neoliberalismo proponga un niño sujeto consumidor, se piensen otras formas críticas sobre las cuáles trabajar: Las representaciones de los niños y los docentes, sus preguntas sobre el mundo a partir de lo que ven en los medios y cómo pueden pensarse esos sujetos como sujetos productores de medios. A su vez, es obvio que hablar de una visión crítica sobre el niño consumidor no excluye, ni incluye per se, la crítica ideológica a dicho sujeto.
Cuando Lewkowicz caracteriza que en la modernidad tardía cae la idea de progreso por su imposibilidad práctica olvida, creo, ciertos aspectos que, mientras el sistema de producción capitalista exista, no van a dejar de repercutir en todas nuestras instituciones. Nos dice Lewkowicz: “Con la idea de progreso del iluminismo, la educación aparecía como una forma fundamental de volver útiles a los individuos. Caída la cuestión del progreso por su imposibilidad práctica, ¿sigue siendo la escuela un lugar que vuelva útiles a los individuos para la sociedad?, ¿se resignifica su función?, ¿qué queremos hacer nosotros con todo esto?” (Lewkowicz, op. Cit) Entiendo que mientras el sistema capitalista exista, no solo va a existir la escuela como institución “reguladora” sino que además tenderá a “producir ciudadanos” para que sean útiles a la división social del trabajo.
Como escribió Lenin, “hay solo dos formas de pensar al mundo: la forma burguesa y la forma socialista”. Que el neoliberalismo haya descentrado el lugar del Estado, de la escuela y de otras instituciones; que se mueva más capital financiero que capital productivo; que los sujetos, y en nuestro caso particular los niños, ya no se vean como algo estático, ignorante, que hay que llenar de conocimiento no significa que estas dos formas de pensar al mundo sigan existiendo y que sólo de esas dos formas de lo puede pensar. De modo que pensar en formas pedagógicas que promuevan sujetos concientes de la realidad en un sistema capitalista no quiere decir específicamente “bajar línea” de una idea “totalizante” del mundo. Se pueden encontrar formas en que los niños, que los sujetos, hagan sus propios caminos sin ideologías totalizantes, porque si pensamos en no “bajar línea” de la idea socialista estaremos “bajando línea” de la idea burguesa.
viernes, 15 de mayo de 2009
Sobre el pensamiento nacional
Artículo realizado en 2003. Espero que lo lean entero y me maten luego.
Peronismo, hegemonía y contrahegemonía.
Introducción.
La primera mitad del siglo XX fue un tiempo de grandes cambios para la humanidad y, en particular, para los “Estado- nación” de occidente formados a partir del vuelco que significó
En
El partido radical por obra y gracia de su líder, Hipólito Yrigoyen, fue el partido de gobierno desde
En este trabajo intentaremos recorrer la historia de este pensamiento nacional. No por adherir a sus ideas, sino porque desde su nacimiento, ha sido parte de nuestra ideología (en palabras de Gramsci). Intentaremos responder qué lugar ocupó en dos distintos bloques de poder que se sucedieron en
Tomaremos como ejemplos del consenso y la coerción generados, los medios de comunicación y la implementación del derecho. Los medios de comunicación masivos porque fueron, sobre todo a partir de los años ’40, la manera más fácil de llegar a las conciencias y conservar la hegemonía mediante el mensaje radial, televisivo o propagandístico como explica, entre otros, Pierre Bourdieu, por lo tanto es una clara manera de formar opinión, de formar consensos. Las normas de derecho sancionadas en determinados momentos serán muestra fehaciente del lugar que ocupaban los medios de comunicación masivos y qué “ideas” del pensamiento nacional formaron parte de los aparatos ideológicos del Estado que ejercen la fuerza. Nos fijaremos en dos “períodos de tendencias políticas” donde creemos que este pensamiento nacional tuvo posturas diferentes[4]. Intentaremos dilucidar qué lugar ocupaban en la lucha hegemonía- contrahegemonía teniendo en cuenta que cada uno de estos períodos determina la existencia de un bloque histórico diferenciado. El primer período se desarrolla desde la formación de FORJA[5] hasta la llegada de Juan D. Perón a la presidencia en 1946 y después las dos presidencias peronistas son escenario otro bloque que encuentra a este pensamiento nacional en otro “lugar”.
Primer bloque histórico: El pensamiento nacional contra la década infame.
Un contexto, una historia.
La década infame es la forma en que la gran mayoría de los cronistas e historiadores llamaron y aun llaman al período que se inicia con el golpe de Estado que derroca a Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930. Pero independiente-mente de las efemérides, la década infame significó la consolidación de una alianza entre poder político, poder militar y oligarquía que aún hoy se trata de desarticular sin éxito. Luego de la salida del modelo agroexportador (podríamos decir que esto sucedió, paulatinamente, después del crack financiero de diciembre de 1929)
Por un lado, la disputa radical entre yrigoyenistas y alvearistas se agudizó después del golpe. Desde la muerte de Yrigoyen, en 1933, Alvear tomó la conducción del partido. De modo que, el radicalismo fue la fuerza que garantizó el fraude patriótico[6] realizado hasta 1943 en todas las elecciones y que se llevó a cabo para que el Partido Conservador no se viera en el compromiso que significaba perder algún foco de poder. De un modo escandaloso, el fraude se llevó a cabo en las elecciones a presidente en 1932 donde el militar Agustín P. Justo salió “electo”. Ya que el radicalismo fue proscrito y el frente del Partido Socialista- Partido Demócrata Progresista presentó sus listas en la parodia democrática y la dictadura de Justo quedó justificada.
Por otro lado, la instauración del conservadurismo en el poder de
La fuerza contrahegemónica y el poder oligárquico.
Por supuesto se persiguió al opositor y se “criminalizó” la protesta social para neutralizar no sólo la acción política y sindical, sino también la acción “revolucionaria” de los sectores anarquistas (esto legalmente gracias a
FORJA no fue una expresión política contrahegemónica que haya tenido gran “popularidad”, pero si fue la expresión intelectual de la resistencia ante el Estado conservador y el fraude patriótico. Se fundó el 29 de junio de 1935 y su primer titular fue Luis Dellepiane. A partir de 1936, FORJA publicó trece cuadernos en los que participaron intelectuales como Scalabrini Ortiz, Jauretche, Del Mazo, y que fueron la piedra fundamental para “afrontar problemas argentinos con criterio argentino”, como ellos mismos decían. Su influencia y su revisionismo histórico que declaraba nuevas perspectivas político- económicas y la apremiante situación económica argentina y mundial fueron “moldeando” una nueva forma de pensar las soluciones para la política que despertó en militantes del radicalismo yrigoyenista, algunos grupos militares que se veía ahora politizados, y poco a poco, en las clases más desprotegidas de trabajadores e inmigrantes. Lo que se logró a fines de la década del ’30 fue crear una “fuerza contrahegemónica” que no planteaba la destrucción del bloque histórico oligárquico- militar, sino que éste cambie de manos. Este cambio se va a lograr, en parte, desde 1946. Mientras tanto en
Una vez instaurada la oligarquía en el poder se “encontró” con una novedad: la necesidad de un cambio en la organización productiva, no era una demanda de un sector de la pequeña burguesía en nuestro país, sino que era una nueva forma de ver la economía en occidente. De modo que, para mantener sus intereses intactos se vieron obligados a actuar desesperadamente. Esto se tradujo en lo económico, en la firma del pacto Roca- Runciman, la creación del Banco Central en reemplazo de
Teniendo en cuenta estas políticas oligárquicas, ¿dónde está el pensamiento nacional, dónde está la presencia contrahegemónica?. En la creación de
Otro bastión que en el terreno de lo ideológico, es decir, de la herramienta fundamental de la creación de un bloque hegemónico fue la clase obrera sindicalizada que arrastraba una inmensa “batalla de ideas” de la década de los gobiernos radicales. Durante la década del ’30, las organizaciones sindicales sufrieron infinidad de fracturas y uniones producto no sólo de la crisis del modelo agroexportador argentino, sino también de las distintas convulsiones que sufrieron los partidos de izquierda gracias a la situación ideológica y política mundial. Esta situación, evidentemente, fue funcional a los propósitos de desarticular la lucha popular de los años ’20. Un ejemplo de esta situación fue la primera ruptura de
En los medios de comunicación, la radio y los periódicos de la época, fueron constantemente coartadas y combatidas esas ideas de Nación. Desde 1930 fue deliberadamente apoyado el golpe militar de Uriburu en publicaciones como
Segundo bloque histórico: Peronismo, pensamiento nacional.
Política peronista y nacional.
Se suele entender al Movimiento Peronista y sus posturas ideológicas que lo llevaron al poder como producto de la decisión política de Perón o como la imposición de la lucha popular. Sería producto de un análisis superficial entender las posturas peronistas como posturas de defensa y promoción de la industrialización mediante la sustitución de importaciones para el “desarrollo” y de los derechos sociales de los trabajadores, pero así de simplista es la forma como ha llegado a las clases subalternas de su época[12]. Estas posturas fueron, a grandes rasgos, las que convirtieron al General Perón, Evita y al Movimiento en los símbolos indivisibles de aquellas ideas. Por lo tanto nos ocuparemos de analizar cuál fue la recepción de la ideología del Movimiento Peronista y de sus estandartes para ver qué concordancia con lo que llamábamos en bloque histórico anterior pensamiento nacional tiene.
Ya a fines de la década del ’30 el comercio internacional tenía serios inconvenientes para desarrollarse y nuestro país empezaba a perder importancia dentro del mercado mundial. La “necedad”, por llamarla de algún modo, de nuestra clase dominante, lo único que hizo fue aletargar la caída del sistema agroexportador. La segunda guerra mundial dejó ver que el cambio de modo de producción era indispensable para mantener el sistema capitalista y reincorporarse al mercado mundial (no sólo en
para poder seguir siendo “parte del mundo”. Tanto el pensamiento nacional, como lo declarado expresamente en la presentación del Plan Pinedo había que sustituir importaciones con el sólo propósito de “equilibrar” la economía y dejar de ser “furgón de cola” de Gran Bretaña para pasar a ser de Estados Unidos[15]. Siendo que a Estados Unidos se le iba a tener que rendir pleitesía, hubo, en principio, algunas intentonas vanas de resistir, pero luego se fue permitiendo la “intervención” norteamericana en nuestra economía domestica, como le dicen los economistas modernos y liberales al mercado interno (esto sobre todo desde la segunda presidencia de Perón.)
La política peronista tuvo gran apoyo desde el principio ya que los sindicatos, desde 1943 peronistas[16], ya que Perón había logrado desde ese año en su labor de ministro dar los beneficios por los que los socialistas, anarquistas y comunistas habían luchado décadas sin lograr que la oligarquía de su brazo a torcer - particular es la figura de Alfredo Palacios que desde 1904 como legislador por el Partido Socialista[17] y otra infinidad de socialistas como Angel Giménez, Juan B. Justo, Del Valle Iberluacea, Mario Bravo, entre otros que sancionaron más de treinta leyes favorables a los obreros hasta 1942 y casi ninguna fue puesta realmente en vigencia -. Estos sindicalistas quienes después del 17 de octubre de 1945 crearon el Partido Laborista que llevaría a Perón a la presidencia de
Poder peronista.
La mayor expresión legal de la hegemonía del pensamiento nacional en las dos primeras presidencias de Perón entendemos que es la sanción de
En particular la política económica de Perón durante sus dos gobiernos sufrió diferentes vaivenes pero en un principio parece haber intentado ser seguidora de las demandas nacionalistas de los años anteriores. Este aparente intento se refleja en el lanzamiento del Primer Plan Quinquenal, la creación de Aerolíneas Argentinas en 1950 y la labor de
Conclusiones.
El pensamiento nacional tiene su origen en un momento de crisis política y económica de nuestro país: la década infame. Con una oligarquía poco inteligente y sin visión más allá de su propio cortoplacismo se fue creando una oposición de los sectores medios que fue arraigando en las clases más oprimidas. Esto, a grandes rasgos es el pensamiento nacional. Pensamiento que sirve de escudo para las clases subalternas desarticuladas y sin futuro después del golpe de Uriburu. Por eso en la década infame va, paulatinamente, encontrando un lugar de emblema contrahegemónico en la lucha de clases, en la lucha hegemonía- contrahegemonía dentro del bloque oligárquico- militar como lo llama José Vazeilles[21]. Y como consecuencia de esto este pensamiento se ve reflejado (dejando de lado la discusión de la utilización demagógica versus honestidad de pensamiento) en los gobiernos de Juan D. Perón, desde 1946 hasta 1955, conformando un bloque de poder totalmente opuesto a los intereses de la oligarquía en esos años, pero que luego le será funcional a su restauración en el poder. Más particularmente se verá el carácter hegemónico que el pensamiento nacional tuvo en los gobiernos peronistas luego del derrocamiento de Perón. Las posturas del pensamiento nacional se convirtieron en indispensables para el “desarrollo” de
Bibliografía।
· David Rock. “El radicalismo argentino, 1890-
· Raúl Alfonsín. ¿ Qué es el radicalismo?. Buenos Aires. Sudamericana. 1983.
· Oscar Alende. Mi memoria. Planeta, Buenos Aires. 1988.
· Moreau de Justo, Alicia. ¿Qué es el socialismo en
· Oscar Alende. ¿Qué es el partido intransigente? . Sudamericana. Buenos Aires, 1983
· Perón, Juan D. Conducción Política. Freeland. Buenos Aires, 1971
· Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos. Legasa, Buenos Aires. 1985.
· Vazeilles, José G. Historia Argentina. Etapas económicas y políticas 1850-1983. Biblos. Buenos Aires. 2000
· Del Campo, Hugo.”Sindicatos, partidos “obreros” y Estado en
Material de consulta.
· Vazeilles, José G. “Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona”. Biblos. Buenos Aires, 2001.
· Constitución de
· Perón Juan D. “La hora de los pueblos”. Buenos Aires. 1973.
· Sabsay, Fernando.“Presidencias y presidentes constitucionales argentinos 1932-
· Negri, Tony y Hardt, Michael. “Imperio”. Paidos. Buenos Aires, 2002.
[1] Para un análisis pormenorizado de estas situaciones hay infinita literatura, personalmente entiendo que se hace un buen análisis en: David Rock. “El radicalismo argentino, 1890-
[2] Raúl Alfonsín. ¿ Qué es el radicalismo?. Buenos Aires. Sudamericana. 1983.
[3] “El peludo” era la forma en que se llamaba a H. Yrigoyen en la jerga política de la época. Los radicales “galeritas” se llamaban despectivamente a los partidarios del presidente M. T. Alvear y antipersonalistas, es decir opositores de Yrigoyen y de las posturas “nacionalistas”.
[4] Cabe en este caso destacar que estos períodos no son elegidos caprichosamente sino que muestran dos lugares de influencia diferentes del pensamiento nacional, que se delinean bajo dos formas de productivas diferentes: Modelo Agroexportador, Sustitución de importaciones que, desde luego, dará lugar a un régimen de acumulación financiera que se dan en nuestro país desde
[5] F.O.R.J.A: Fuerza de Orientación Radical de
[6] Fraude patriótico llamaban conservadores a las “maniobras” que llevaba a cabo en las elecciones para “salvar
[7] Oscar Alende. Mi memoria. Planeta, Buenos Aires. 1988. Pag. 77.
[8] Perfectamente detallado en David Rock. Op. Cit.
[9] Vazeilles, José G. Historia Argentina. Etapas económicas y políticas 1850-1983. Biblos. Buenos Aires. 2000.
[10] Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos. Legasa, Buenos Aires. 1985.
[11] Para un análisis pormenorizado de ésta y otras circunstancias del sindicalismo en Argentina, antes de 1943 ver: Del Campo, Hugo.”Sindicatos, partidos “obreros” y Estado en
[12] Y aún hoy los que se llaman peronistas se alinean en esta idea. Ejemplo en otro contexto es el peronismo de Kirchner.
[13] Horowicz, Alejandro. Op. Cit. “La neutralidad imposible”
[14] Perón, Juan D. Conducción Política. Freeland. Buenos Aires, 1971. Pags. 73 y 74.
[15] Horowicz, Alejandro. Op. Cit.
[16] Esto a partir de que en 1943, siendo Perón ministro de Trabajo y previsión social se había unificado el sindicalismo en una CGT que por primera vez había dejado de lado las posturas “políticas” para pasar a ser “apolíticos”, de la tercera posición o peronista, como se quiera llamarlos. Esto se logró aprovechando los vaivenes de los partidos socialista y comunista ante la realidad nacional e internacional.
[17] Alfredo Palacios fue varias veces electo diputado y/o senador por el Partido Socialista y por el Partido Socialista Argentino. Ver Moreau de Justo, Alicia. ¿Qué es el socialismo en
[18] Todos estos datos y más sobre
[19] Idem. Pag. 9.
[20] Perón, Juan D. Op. Cit.
[21] Vazeilles, José G. Op. Cit.”Radicalismo intransigente y Conservadurismo acuerdista”.
