Alquilar un gran lugar, que albergue a muchos ciudadanos, colgar luces, pantallas gigantes y poner música bien alto. Allí pueden convivir la marcha, la cumbia, Fito Paez, Soda Stereo y Los Redonditos de Ricota, como en cualquier boliche. Eso es lo que gana en las elecciones. Los festejos de los “militantes” PRO se desarrollaron en Costa Salguero, con luces amarillas, televisores plasma de mil pulgadas, un escenario sobrio con solo dos puff donde los candidatos electos hablaron sin ninguna marca pomposa, de pie y sin sacos puestos. Eso es lo que gana en la capital y la provincia de Buenos Aires.
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?
Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.
Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.
Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes
Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.
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6 comentarios:
Qué cierto lo que decís sobre el sentido de los espacios, el encuentro cool de los pro, la música y el aire chill-out, nada de "política", todo muy limpito.
También acuerdo con vos en que el destino de los sectores populares y los que nos definimos como sus intelectuales no se debate en las urnas.
Pero también creo no es lo mismo jugar con la cancha embarrada. Al sistema se le escapan ciertos intersticios que podemos usar a favor del campo popular. Eso sí, que la lucha no termina (ni empieza) ahí, lo sabemos, es tan sólo una herramienta pero que no podemos despreciar.
Me pareció muy bueno el posteo y realmente muy gráficas las imagenes que usaste para ilustrar tu punto.
Y estoy de acuerdo en tu análisis de la realidad, aunque te encuentro el mismo defecto que a la izquierda nacional.
Me hacen acordar a la fábula de la zorra y las uvas.
Me da bronca que, cuando entre los partidos de izquierda que, mas o menos, apoyan algunos de tus postulados, no obtienen el apoyo del 1% de la ciudadanía de la Ciudad de Buenos Aires, me vengan a decir que su estrategia no es electoral.
¿En serio piensan que sin juntar 20000 tipos que les pongan un voto en las urnas van a poder cambiar algo?
Y si en vez de buscar alternativas inoperantes para obtener poder por medios alternativos, intentan, por una vez, ocupar un espacio de poder "oficial".
Y, por ejemplo, ocupan una banca en la legislatura o el congreso, y dan pelea desde adentro.
Y presentan cien proyectos en serio, que van a ser sistematicamente rechazados, obvio, pero que le muestren a la gente que intentan construir algo, y no que son cien movimientos distintos que pelean por la interpretación del segundo párrafo del tercer punto, del segundo libro del Capital (y por los carguitos).
Porque, si la gente ni siquiera pone una boleta en la urna, es dificil pensar que vayan a salir a hacer la revolución socialista con uds.
Me encantaría poder creer que el pueblo va a salir a apoyarlos, a apoyarse, y cambiar las cosas.
Pero así no creo que puedan convencer a nadie.
Me pareció bastante acertado tu posteo nico...disiento con el final obvio pero por ideologías políticas.
Juancito...fantástico tu análisis 1000% (si, mil por ciento) de acuerdo
Bien un debate por fin!.
En estos días mandaré algunas consideraciones a lo que me objetan para seguir el debate.
Lo que opino sobre el tema electoral hoy, se debe a un largo (por lo menos para mi) recorrido tratando de ver diferentes estrategias, pero cuando escriba trataré de explicarlo mejor.
Gracias Guada, gracias Juan
Gracias Dr. Feldman, ¡ qué bueno verlo por aquí!
Como siempre, una plcer pelear con vos, aunque no se si habla bien de mi el hecho de que el Dr. Feldman esté de acuerdo conmigo... jajajaja
Siguiendola un poco, no es que piense que nos encontremos en una situación de demcoracia, ni mucho menos.
Creo que no es posible hablar de democracia cuando una parte mayoritaria de la sociedad apenas cuenta con posibilidades de satisfacer sus necesidades básicas. Ni hablar de cuestiones formativas básicas.
Pero me parece que el abandono de la vía electoral, en la actual coyuntura (mas allá de lo que piense de las propuestas revolucionarias en general), habla mucho de la imposibilidad de la izquierda argentina de generar una alternativa atrayente.
Porque estoy convencido que buena parte de los votos del conífero (denominación leída en un blog que me pareció simpática), podrían haber terminado en una alternativa constructiva de la izquierda.
Para ejemplo, pongo el caso de Zamora.
A pesar de la desilución que nos generó a muchos, y de la coyuntura particular del "que sde vayan todos" donde tuvo su punto cúlmine, tuvo propuestas que pudieron seducir a una parte nada desdeñable del electorado.
Y creo que es algo que el resto de los partidos de izquierda deberían tener en cuenta a la hora de plantear sus estretegias, la posibilidad real de, mas allá de las luchas intestinas, reconocer en los cercanos, alguns diferencias que permitirían aunar la lucha.
En este momento recuerdo algo escrito por Benedetti al respecto, pero se me escapa, prometo buscarlo y postearlo.
Espero ansiosamente los nuevos argumentos de Don Scipión
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