Texto sin publicar escrito en 2008. Para publicar en la revista Aún, psicoanálisis en la cultura próxima a salir. Lo realicé luego de leer un pólemico texto de Freud que en castellano se titula generalmente "Acerca de la degredación general de la vida amorosa"
Debo confesar que antes de escribir estas palabras nunca me había detenido en el psicoanálisis y su visión sobre el amor, que Freud es un señor que siempre anduvo rondando en mi mente y que la disciplina psicoanalítica me representa un dilema: el que se produce al tratar de existir deseando y la angustia de saber que no siempre vamos a cumplir esos impulsos. No temo a la falta de rigurosidad científica para con el psicoanálisis, para mi siempre fue más un juego que una ciencia o un método. Jugaré entonces…gran variedad de objetos pueden ser fuente de placer.

El título del artículo que decidí explorar es Über die Allgemeiste Erniedrigung des Liebeslebens. Deberíamos discutir acerca del término Liebeslebens. Textualmente sería “existencia amorosa” pero se puede traducir como “vida amorosa” o, como se hace en otros casos, como “vida erótica”, también una amiga se imagino “pulsión de amor”, pensando en alemán y sin conocer al padre del psicoanálisis.
Más allá de las relaciones que puede demostrar el psicoanálisis entre lo amoroso y lo erótico, en el texto Freud nos advierte que deberemos “familiarizarnos con la idea de que no es posible armonizar las exigencias del instinto sexual con la cultura”, por eso es importante detenerse en esa diferencia de significado. En la cultura no es lo mismo lo amoroso que lo erótico y ahí se explica parte de la imposibilidad de armonizar. La concepción del universo es nuestro gran problema, la concepción del otro, la concepción de un objeto placentero. Los mandatos morales y los ribetes del inconciente muchas veces ponen una barrera a ese objeto y, permítanme lectores, de eso se trata el psicoanálisis, perdón de eso se trata la vida humana actualmente.
La cultura es un señor que nos demuestra que nuestras relaciones son siempre cambiantes. Este señor tenía guardado en el bolsillo lo que sabíamos de antes. Lo habíamos anotado en un papelito chiquito hace mucho tiempo, con escritura rápida y descuidada, lo hicimos un bollo y lo guardamos. Luego el señor Cultura lo saca y nos lo enseña. Nos damos cuenta allí que lo que garabateamos antes no es lo mismo que pensamos ahora. Antes la cultura era una anotación sin importancia, hoy es un señor que nos dice lo que tenemos que hacer. Quizás cuando Sigmund pensaba en la cultura pensaba en el señor Cultura.
