¿Qué pasa con los desalojos? Pasa muchas veces que aparece como natural el hecho contra natura de desalojar. El desalojo parece algo normal porque suelen tratar de convencernos de que lo último – sino lo único- que hay que respetar del otro es la propiedad, su propiedad privada. ¿Qué pasa con el que no tiene propiedades?
En un viejo diccionario español de los años ’60 una vez encontré que una de las acepciones de la palabra desalojar era “dejar el hospedaje". Esa definición la busco en los diccionarios actuales y ha desaparecido. Solo ha quedado la siguiente: “sacar de un lugar”. A unos le parecerá retrógrado –esos que viven pregonando el pensamiento mágico donde todo se transforma sin saber el por qué-; a otros les parecerá con tinte ideológico –esos que piensan que alguna vez alguien puede ser neutral-: Marx escribió hace más de 150 años en La Ideología Alemana: “El derecho privado se desarrolla, conjuntamente con la propiedad privada, como resultado de la desintegración de la comunidad natural”. Quizás llamar ‘comunidad natural’ a una vida previa a las instituciones buerguesas sea exagerado –Marx era un excelente poeta de la ciencia-, pero no hay nada más acertado para explicar la condición de uso de las leyes y las instituciones de la Justicia a través de la propiedad। En la propiedad privada se basa nuestra sociedad actual y eso no es tendencioso, es ' real'.
¿Por qué hablamos de propiedad privada cuando hablamos de desalojos?. Por que un juez que decide firmar una orden de desalojo tiene solo dos razones para hacerlo: O entiende que es más valioso para la sociedad respetar el derecho de un dueño de una fábrica, un galpón o un predio que la necesidad de educación, trabajo o vivienda que existe en el 100% de los lugares desalojados; o porque se ve “presionado” o “indefenso” ante la existencia ineluctable de la ley –algunos abogados querrán sacar las comillas a esos términos-.
Hay algo de correcto en que haya desaparecido de los diccionarios aquella primera acepción de los desalojos. En tiempos de crisis, marginalidad y hambre como los de hoy nadie “deja su hospedaje”, nadie está de paso, se establece para cambiar las cosas y una orden de desalojo es pura herramienta de status quo.
jueves, 13 de agosto de 2009
sábado, 1 de agosto de 2009
Manda Cultura
Texto sin publicar escrito en 2008. Para publicar en la revista Aún, psicoanálisis en la cultura próxima a salir. Lo realicé luego de leer un pólemico texto de Freud que en castellano se titula generalmente "Acerca de la degredación general de la vida amorosa"
Debo confesar que antes de escribir estas palabras nunca me había detenido en el psicoanálisis y su visión sobre el amor, que Freud es un señor que siempre anduvo rondando en mi mente y que la disciplina psicoanalítica me representa un dilema: el que se produce al tratar de existir deseando y la angustia de saber que no siempre vamos a cumplir esos impulsos. No temo a la falta de rigurosidad científica para con el psicoanálisis, para mi siempre fue más un juego que una ciencia o un método. Jugaré entonces…gran variedad de objetos pueden ser fuente de placer.

El título del artículo que decidí explorar es Über die Allgemeiste Erniedrigung des Liebeslebens. Deberíamos discutir acerca del término Liebeslebens. Textualmente sería “existencia amorosa” pero se puede traducir como “vida amorosa” o, como se hace en otros casos, como “vida erótica”, también una amiga se imagino “pulsión de amor”, pensando en alemán y sin conocer al padre del psicoanálisis.
Más allá de las relaciones que puede demostrar el psicoanálisis entre lo amoroso y lo erótico, en el texto Freud nos advierte que deberemos “familiarizarnos con la idea de que no es posible armonizar las exigencias del instinto sexual con la cultura”, por eso es importante detenerse en esa diferencia de significado. En la cultura no es lo mismo lo amoroso que lo erótico y ahí se explica parte de la imposibilidad de armonizar. La concepción del universo es nuestro gran problema, la concepción del otro, la concepción de un objeto placentero. Los mandatos morales y los ribetes del inconciente muchas veces ponen una barrera a ese objeto y, permítanme lectores, de eso se trata el psicoanálisis, perdón de eso se trata la vida humana actualmente.
La cultura es un señor que nos demuestra que nuestras relaciones son siempre cambiantes. Este señor tenía guardado en el bolsillo lo que sabíamos de antes. Lo habíamos anotado en un papelito chiquito hace mucho tiempo, con escritura rápida y descuidada, lo hicimos un bollo y lo guardamos. Luego el señor Cultura lo saca y nos lo enseña. Nos damos cuenta allí que lo que garabateamos antes no es lo mismo que pensamos ahora. Antes la cultura era una anotación sin importancia, hoy es un señor que nos dice lo que tenemos que hacer. Quizás cuando Sigmund pensaba en la cultura pensaba en el señor Cultura.
lunes, 6 de julio de 2009
Acerca del género, la arroba y otras yerbas
Yo sé que la lingüística no es mi especialidad, sino la del dueño del blog, pero me permito hacer algunas discreciones al respecto.
Me enojan los intelectuales que usan la arroba para neutralizar el género de las palabras, escribiendo compañer@s, amig@s, etc.
Si, me enojan y me parecen un poco patéticos en su intento. Y no por creerme un ser superior que domina el idioma a la perfección, ni por negar la contínua y loable evolución del español.
Ya el uso del “/as” o “/os” resultaba horrible para cualquier lector que disfrute de las palabras, de su textura, de su ritmo y cadencia, pero la arroba excede por mucho aquella molestia.
He llegado aún a extrañar el uso de la frase “niños, niñas y adolescentes” que la profesora Mary Bellof usaba en lugar del simple "niños", que en su momento me parecía insoportable.
¿Es que esta gente no comparte lo que escribe? ¿Cómo leer con un amigo un texto así? ¿Cómo debatir y discutir ideas, si uno no puede leer en voz alta lo que escribe?
Imaginemos al escriba recitando: “compañerarrobas, en nuestra lucha por conseguir un puesto de diputadarroba, que nos permita proteger a los niñarrobas que se encuentran en situación de exclusión…”, y así hasta el hartazgo.
Insoportable.
Por eso, desde este humilde espacio, propongo que evitemos las deformaciones inútiles del idioma, o al menos, aquellas deformaciones que lo convierten en un “pseudolenguaje blogger”.
Luchemos por la igualdad de género de otras formas, mas productivas y, sobre todo, mas lindas de leer.
Me enojan los intelectuales que usan la arroba para neutralizar el género de las palabras, escribiendo compañer@s, amig@s, etc.
Si, me enojan y me parecen un poco patéticos en su intento. Y no por creerme un ser superior que domina el idioma a la perfección, ni por negar la contínua y loable evolución del español.
Ya el uso del “/as” o “/os” resultaba horrible para cualquier lector que disfrute de las palabras, de su textura, de su ritmo y cadencia, pero la arroba excede por mucho aquella molestia.
He llegado aún a extrañar el uso de la frase “niños, niñas y adolescentes” que la profesora Mary Bellof usaba en lugar del simple "niños", que en su momento me parecía insoportable.
¿Es que esta gente no comparte lo que escribe? ¿Cómo leer con un amigo un texto así? ¿Cómo debatir y discutir ideas, si uno no puede leer en voz alta lo que escribe?
Imaginemos al escriba recitando: “compañerarrobas, en nuestra lucha por conseguir un puesto de diputadarroba, que nos permita proteger a los niñarrobas que se encuentran en situación de exclusión…”, y así hasta el hartazgo.
Insoportable.
Por eso, desde este humilde espacio, propongo que evitemos las deformaciones inútiles del idioma, o al menos, aquellas deformaciones que lo convierten en un “pseudolenguaje blogger”.
Luchemos por la igualdad de género de otras formas, mas productivas y, sobre todo, mas lindas de leer.
viernes, 3 de julio de 2009
Sobre las elecciones II
Trataré de reunir brevemente mis respuestas a los diferentes comentarios sobre el primer posteo acerca de las elecciones
El Dr. Feldman particularmente mencionó algo que me parece que recorre todo el debate y que es importante marcar. Decía que defería conmigo por ideologías políticas. Es verdad, estamos discutiendo ideologías por eso me parece detenerme un poco en este punto para definir qué pienso, que me significa. La ideología no es solo una forma de pensar las cosas sino, además, una forma de hacer las cosas. A su vez, no es solo una forma de hacer las cosas sino cómo se desarrolla históricamente la práctica política. Así para pensar en las diferencias ideológicas deberíamos pensar históricamente cómo se desarrollan las expresiones y los hechos de estas diferencias.
Considerar, por ejemplo, como señala en Lic. Rua, que la Izquierda Nacional tiene un problema con respecto a la política electoral o que tiene problemas para generar una “alternativa atrayente” para los electores, no es pensar históricamente las diferencias. Primero entiendo que la izquierda ha tenido mucha participación electoral y ha tenido sus victorias. Generalmente las clases dominantes tienen más fuerza y esas victorias “desaparecen” de la historia popular. Una de estas puede ser la mencionada de Zamora posterior al 2001, pero podemos agregar que durante los años ’70 ha participado y ganado muchos lugares en las instituciones del Estado. Militantes de Montoneros o ERP, por ejemplo, han ocupado bancas legislativas o incluso han llegado a la gobernación de la provincia de Córdoba en el año 1973, cosa no menor. Podemos agregar también, las grandes elecciones del M.A.S. del ’83 al ’89. Y podríamos seguir citando, aunque no todas las experiencias tienen las mismas intenciones.
Además, entender que esa izquierda que “más o menos apoya tus (mis) postulados” tiene una visión de no participación electoral, es un error. Primero porque, como mencione más arriba, los diferentes partidos o movimientos de izquierda, en otros contextos han participado. Segundo, porque no todos los partidos o movimientos son “más o menos” de izquierda. Tratar de englobar a los partidos marxistas o que piensan en un cambio revolucionario en un montículo de “Izquierda Nacional” es un error histórico y es comprar el discurso dominante. Con estas consideraciones no quiero explicitar que hay que putear desde afuera y seguir como grupo iluminado e inmaculado, lo que quiero explicar es que el pensamiento dominante quiere dejar bien en claro que lo que rige es el número de votos y aquel que busca un cambio debe, mínimamente tratar de escapar a esa lógica. Dice Iñaki Gil de San Vicente, pensador y militante del movimiento nacionalista vasco (que es mucho más que la ETA): “Pese a la fuerza alienadora de todos los instrumentos del poder, siempre subsisten personas que mantienen su conciencia crítica y que quieren seguir luchando, especialmente en los peores momentos, tras las grandes derrotas”. Esa, creo, es la idea.
Por último me gustaría considerar algunos otros puntos de lo que mencionaban.
La Arq. Santana decía que no es bueno jugar con la cancha embarrada y que las elecciones se pueden usar a favor del campo popular. Estoy de acuerdo. Nadie puede negar eso sobre todo a partir de las consideraciones del marxismo cultural sobre cómo viven, sienten y piensan las clases populares. Creo, también, que si las clases populares no tienen un proyecto de poder muchas veces pierde sentido la intervención electoral. El poder no se construye nunca a partir de llenar una legislatura de proyectos de ley sin sancionar, porque la “gente” no necesita (por lo menos lo veo así) que le “demuestren” nada. Necesita participar, ver organización donde pueda discutir sus problemas buscando opciones de poder. El poder se construye en la participación en la pelea por las reivindicaciones de nuestras necesidades, no en el parlamento ni en el ejecutivo peleando por migajas.
Esto quiere decir que el campo popular tiene que crear sus propias instituciones. No es que se deja de ver que esta máxima de la participación bajo un proyecto de poder no es masivamente considerada, sino que significa que, si el campo popular no tiene salida peleando de a poquito los espacios de poder de la burguesía, no puede darle mucha importancia a las elecciones.
El Dr. Feldman particularmente mencionó algo que me parece que recorre todo el debate y que es importante marcar. Decía que defería conmigo por ideologías políticas. Es verdad, estamos discutiendo ideologías por eso me parece detenerme un poco en este punto para definir qué pienso, que me significa. La ideología no es solo una forma de pensar las cosas sino, además, una forma de hacer las cosas. A su vez, no es solo una forma de hacer las cosas sino cómo se desarrolla históricamente la práctica política. Así para pensar en las diferencias ideológicas deberíamos pensar históricamente cómo se desarrollan las expresiones y los hechos de estas diferencias.
Considerar, por ejemplo, como señala en Lic. Rua, que la Izquierda Nacional tiene un problema con respecto a la política electoral o que tiene problemas para generar una “alternativa atrayente” para los electores, no es pensar históricamente las diferencias. Primero entiendo que la izquierda ha tenido mucha participación electoral y ha tenido sus victorias. Generalmente las clases dominantes tienen más fuerza y esas victorias “desaparecen” de la historia popular. Una de estas puede ser la mencionada de Zamora posterior al 2001, pero podemos agregar que durante los años ’70 ha participado y ganado muchos lugares en las instituciones del Estado. Militantes de Montoneros o ERP, por ejemplo, han ocupado bancas legislativas o incluso han llegado a la gobernación de la provincia de Córdoba en el año 1973, cosa no menor. Podemos agregar también, las grandes elecciones del M.A.S. del ’83 al ’89. Y podríamos seguir citando, aunque no todas las experiencias tienen las mismas intenciones.
Además, entender que esa izquierda que “más o menos apoya tus (mis) postulados” tiene una visión de no participación electoral, es un error. Primero porque, como mencione más arriba, los diferentes partidos o movimientos de izquierda, en otros contextos han participado. Segundo, porque no todos los partidos o movimientos son “más o menos” de izquierda. Tratar de englobar a los partidos marxistas o que piensan en un cambio revolucionario en un montículo de “Izquierda Nacional” es un error histórico y es comprar el discurso dominante. Con estas consideraciones no quiero explicitar que hay que putear desde afuera y seguir como grupo iluminado e inmaculado, lo que quiero explicar es que el pensamiento dominante quiere dejar bien en claro que lo que rige es el número de votos y aquel que busca un cambio debe, mínimamente tratar de escapar a esa lógica. Dice Iñaki Gil de San Vicente, pensador y militante del movimiento nacionalista vasco (que es mucho más que la ETA): “Pese a la fuerza alienadora de todos los instrumentos del poder, siempre subsisten personas que mantienen su conciencia crítica y que quieren seguir luchando, especialmente en los peores momentos, tras las grandes derrotas”. Esa, creo, es la idea.
Por último me gustaría considerar algunos otros puntos de lo que mencionaban.
La Arq. Santana decía que no es bueno jugar con la cancha embarrada y que las elecciones se pueden usar a favor del campo popular. Estoy de acuerdo. Nadie puede negar eso sobre todo a partir de las consideraciones del marxismo cultural sobre cómo viven, sienten y piensan las clases populares. Creo, también, que si las clases populares no tienen un proyecto de poder muchas veces pierde sentido la intervención electoral. El poder no se construye nunca a partir de llenar una legislatura de proyectos de ley sin sancionar, porque la “gente” no necesita (por lo menos lo veo así) que le “demuestren” nada. Necesita participar, ver organización donde pueda discutir sus problemas buscando opciones de poder. El poder se construye en la participación en la pelea por las reivindicaciones de nuestras necesidades, no en el parlamento ni en el ejecutivo peleando por migajas.
Esto quiere decir que el campo popular tiene que crear sus propias instituciones. No es que se deja de ver que esta máxima de la participación bajo un proyecto de poder no es masivamente considerada, sino que significa que, si el campo popular no tiene salida peleando de a poquito los espacios de poder de la burguesía, no puede darle mucha importancia a las elecciones.
domingo, 28 de junio de 2009
Sobre las elecciones
Alquilar un gran lugar, que albergue a muchos ciudadanos, colgar luces, pantallas gigantes y poner música bien alto. Allí pueden convivir la marcha, la cumbia, Fito Paez, Soda Stereo y Los Redonditos de Ricota, como en cualquier boliche. Eso es lo que gana en las elecciones. Los festejos de los “militantes” PRO se desarrollaron en Costa Salguero, con luces amarillas, televisores plasma de mil pulgadas, un escenario sobrio con solo dos puff donde los candidatos electos hablaron sin ninguna marca pomposa, de pie y sin sacos puestos. Eso es lo que gana en la capital y la provincia de Buenos Aires.
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?
Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.
Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.
Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes
Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?
Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.
Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.
Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes
Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
