lunes, 6 de julio de 2009

Acerca del género, la arroba y otras yerbas

Yo sé que la lingüística no es mi especialidad, sino la del dueño del blog, pero me permito hacer algunas discreciones al respecto.
Me enojan los intelectuales que usan la arroba para neutralizar el género de las palabras, escribiendo compañer@s, amig@s, etc.
Si, me enojan y me parecen un poco patéticos en su intento. Y no por creerme un ser superior que domina el idioma a la perfección, ni por negar la contínua y loable evolución del español.
Ya el uso del “/as” o “/os” resultaba horrible para cualquier lector que disfrute de las palabras, de su textura, de su ritmo y cadencia, pero la arroba excede por mucho aquella molestia.
He llegado aún a extrañar el uso de la frase “niños, niñas y adolescentes” que la profesora Mary Bellof usaba en lugar del simple "niños", que en su momento me parecía insoportable.
¿Es que esta gente no comparte lo que escribe? ¿Cómo leer con un amigo un texto así? ¿Cómo debatir y discutir ideas, si uno no puede leer en voz alta lo que escribe?
Imaginemos al escriba recitando: “compañerarrobas, en nuestra lucha por conseguir un puesto de diputadarroba, que nos permita proteger a los niñarrobas que se encuentran en situación de exclusión…”, y así hasta el hartazgo.
Insoportable.
Por eso, desde este humilde espacio, propongo que evitemos las deformaciones inútiles del idioma, o al menos, aquellas deformaciones que lo convierten en un “pseudolenguaje blogger”.
Luchemos por la igualdad de género de otras formas, mas productivas y, sobre todo, mas lindas de leer.

viernes, 3 de julio de 2009

Sobre las elecciones II

Trataré de reunir brevemente mis respuestas a los diferentes comentarios sobre el primer posteo acerca de las elecciones

El Dr. Feldman particularmente mencionó algo que me parece que recorre todo el debate y que es importante marcar. Decía que defería conmigo por ideologías políticas. Es verdad, estamos discutiendo ideologías por eso me parece detenerme un poco en este punto para definir qué pienso, que me significa. La ideología no es solo una forma de pensar las cosas sino, además, una forma de hacer las cosas. A su vez, no es solo una forma de hacer las cosas sino cómo se desarrolla históricamente la práctica política. Así para pensar en las diferencias ideológicas deberíamos pensar históricamente cómo se desarrollan las expresiones y los hechos de estas diferencias.
Considerar, por ejemplo, como señala en Lic. Rua, que la Izquierda Nacional tiene un problema con respecto a la política electoral o que tiene problemas para generar una “alternativa atrayente” para los electores, no es pensar históricamente las diferencias. Primero entiendo que la izquierda ha tenido mucha participación electoral y ha tenido sus victorias. Generalmente las clases dominantes tienen más fuerza y esas victorias “desaparecen” de la historia popular. Una de estas puede ser la mencionada de Zamora posterior al 2001, pero podemos agregar que durante los años ’70 ha participado y ganado muchos lugares en las instituciones del Estado. Militantes de Montoneros o ERP, por ejemplo, han ocupado bancas legislativas o incluso han llegado a la gobernación de la provincia de Córdoba en el año 1973, cosa no menor. Podemos agregar también, las grandes elecciones del M.A.S. del ’83 al ’89. Y podríamos seguir citando, aunque no todas las experiencias tienen las mismas intenciones.
Además, entender que esa izquierda que “más o menos apoya tus (mis) postulados” tiene una visión de no participación electoral, es un error. Primero porque, como mencione más arriba, los diferentes partidos o movimientos de izquierda, en otros contextos han participado. Segundo, porque no todos los partidos o movimientos son “más o menos” de izquierda. Tratar de englobar a los partidos marxistas o que piensan en un cambio revolucionario en un montículo de “Izquierda Nacional” es un error histórico y es comprar el discurso dominante. Con estas consideraciones no quiero explicitar que hay que putear desde afuera y seguir como grupo iluminado e inmaculado, lo que quiero explicar es que el pensamiento dominante quiere dejar bien en claro que lo que rige es el número de votos y aquel que busca un cambio debe, mínimamente tratar de escapar a esa lógica. Dice Iñaki Gil de San Vicente, pensador y militante del movimiento nacionalista vasco (que es mucho más que la ETA): “Pese a la fuerza alienadora de todos los instrumentos del poder, siempre subsisten personas que mantienen su conciencia crítica y que quieren seguir luchando, especialmente en los peores momentos, tras las grandes derrotas”. Esa, creo, es la idea.
Por último me gustaría considerar algunos otros puntos de lo que mencionaban.
La Arq. Santana decía que no es bueno jugar con la cancha embarrada y que las elecciones se pueden usar a favor del campo popular. Estoy de acuerdo. Nadie puede negar eso sobre todo a partir de las consideraciones del marxismo cultural sobre cómo viven, sienten y piensan las clases populares. Creo, también, que si las clases populares no tienen un proyecto de poder muchas veces pierde sentido la intervención electoral. El poder no se construye nunca a partir de llenar una legislatura de proyectos de ley sin sancionar, porque la “gente” no necesita (por lo menos lo veo así) que le “demuestren” nada. Necesita participar, ver organización donde pueda discutir sus problemas buscando opciones de poder. El poder se construye en la participación en la pelea por las reivindicaciones de nuestras necesidades, no en el parlamento ni en el ejecutivo peleando por migajas.
Esto quiere decir que el campo popular tiene que crear sus propias instituciones. No es que se deja de ver que esta máxima de la participación bajo un proyecto de poder no es masivamente considerada, sino que significa que, si el campo popular no tiene salida peleando de a poquito los espacios de poder de la burguesía, no puede darle mucha importancia a las elecciones.

domingo, 28 de junio de 2009

Sobre las elecciones

Alquilar un gran lugar, que albergue a muchos ciudadanos, colgar luces, pantallas gigantes y poner música bien alto. Allí pueden convivir la marcha, la cumbia, Fito Paez, Soda Stereo y Los Redonditos de Ricota, como en cualquier boliche. Eso es lo que gana en las elecciones. Los festejos de los “militantes” PRO se desarrollaron en Costa Salguero, con luces amarillas, televisores plasma de mil pulgadas, un escenario sobrio con solo dos puff donde los candidatos electos hablaron sin ninguna marca pomposa, de pie y sin sacos puestos. Eso es lo que gana en la capital y la provincia de Buenos Aires.
Allí no se cantan marchas, no hay canciones políticas, no hay candidatos. ¿Y la política?

Con este panorama es fácil creer que la política está donde se canta por Perón, por Kirchner y donde Heller desaparece. Es fácil creer que la política esta donde se defiende al gobierno del trabajo en negro, del salvataje a las grandes empresas, de la persecución política a los militantes populares. También es fácil creer que la política está en la figura republica, prolija y decente de Prat Gay, que es lo mismo que De Narvaez o Michetti, que está donde se defiende al campo a pesar de sus ganancias y su explotación, donde se condena el aborto por ir en contra de la vida pero no importa si se condena a miles a la muerte por hambre.

Eso es lo que siempre nos enseñan las elecciones que la derecha desarticula lo popular, que el peronismo es el peronismo y que la izquierda hace el mismo papel insignificante de siempre. No nos va a enseñar otra cosa si en lo único que nos fijamos es en los resultados, en lo que nos dicen por la tele sobre eso los analistas preparados.

Todavía las elecciones no nos enseñan que el mundo se cae a pedazos, que nosotros nos caemos a pedazos, que los capitalistas no van a pagar ninguna crisis sin nadie que se las haga pagar, que organizarnos para el cambio es juntarnos en los barrios, en los pueblos con la clara idea de radicalizar las discusiones y disputar el poder y no contar los votos en las elecciopnes

Disputar el poder no es llevar a algún militante al congreso sino resistir y combatir con nuestras propias armas. Creo que cuando nos demos cuenta de que las elecciones no cambian nada más que una correlación de fuerzas donde nunca estamos, vamos a poder organizarnos, resistir, combatir y vencer.

miércoles, 17 de junio de 2009

La verdadera discusión sobre el museo

Un pequeño texto publicado en 2004 cuando se inauguraba el Museo de la Memoria. ¡ Cómo han cambiado las cosas entre los organismos desde ese momento!. ¿Cómo?. Les pregunto....


Desde hace años la lucha de universitarios, organizaciones de defensa de los derechos humanos, organizaciones políticas y gran parte de la sociedad civil en todo el territorio argentino persevera en los pedidos y las manifestaciones para que se acepte en este país la verdadera “versión” de los hechos a partir de 1976. Luchar por los derechos humanos le ha costado a la Argentina muchos perseguidos y muertos después de 1983 (eso no es ninguna novedad para nadie que sea parte de esta lucha) pero si lo parecerá para muchos otros. No sólo ha costado porque mucha gente se molesta con la verdad sobre sus actos en el pasado, como Astiz, Acosta y tantos más, sino también porque nada se modificó en demasía en nuestras estructuras institucionales de modo que hubo que enterarse de María Soledad Morales, del soldado Carrasco, Victor Choque, José Luis Cabezas, de los crímenes de Dársena en Santiago, entre otros, y hay, todavía, que vencer a tipos como Bussi, Patti, Rico y los Juárez.
Las luchas del pueblo argentino y de las organizaciones de derechos humanos han rendido también sus frutos. La instalación del Museo de la Memoria en la ESMA es un logro de la perseverancia en la lucha popular. Hay opiniones divididas entre los luchadores sobre si es correcta o no la existencia de un museo y su significación. Algunas organizaciones políticas de izquierda y las Madres de Plaza de Mayo comandadas por Hebe de Bonafini no están completamente de acuerdo. Hebe de Bonafini declaró públicamente que “nosotras preferimos que algún día allí se pueda hacer una escuela de arte y que se vayan los milicos, pero para eso falta mucho” , además de pedirle expresamente a Kirchner que ninguno de los gobernadores peronistas vayan al acto de inauguración del proyecto en la ESMA el miércoles próximo (cuyo derecho de ir se habían arrogado en la última reunión de gobernadores peronista de la semana pasada en Córdoba.) Otros se inclinan más hacia la postura del presidente que cree en la importancia del museo por lo importante de “mojarle la oreja” a la Armada en su propio espacio y en el lugar más emblemático de los dictadores. Y lo que en algunos pequeños ámbitos, afortunadamente, se discute es esto y no otras pantallas de banalidad. Esta es la discusión que hay que mantener y promover, no la que siempre se publica masivamente.
Esa discusión entre los que hablamos de terrorismo de Estado y los que hablan de una guerra entre dos demonios (gracias a Ernesto Sábato) no debe existir más. Continuar alimentando esa dicotomía fabricada para que los genocidas tengan alguna excusa provoca exactamente eso, darle excusas a los genocidas. Esa no es la discusión. Lo real es que se proyecta un Museo de la Memoria en la ESMA, veremos si el gobierno cumple con su construcción, y luego discutiremos para qué nos sirve ese museo, si nos sirve y no otras cosas.

jueves, 21 de mayo de 2009

¿Se puede pensar un proyecto político moderno frente a nuevas subjetividades y una escuela en crisis?


Por Nicolás Scipione

Neoliberalismo y educación.

En estos años hablar de que el neoliberalismo cambió ciertas formas políticas e institucionales de nuestra sociedad suena a repetido. Está claro que el auge de las transacciones financieras transformó las formas de relacionarse entre el Estado y las instituciones, entre el Estado y la sociedad civil, y que el neoliberalismo no solo significa eso. Estas transformaciones muestran cómo funciona una empresa y también cómo se piensa la labor del Estado y de sus instituciones. Entre esas instituciones hay una primordial para el sistema político republicano: la escuela.

En particular en la Argentina, como casi en ningún otro país del mundo, fue la Escuela la institución que encabezó la puesta en marcha de la estructura del Estado Nación capitalista. Nuestro país a partir de la década de 1880 desarrolló una estructura de instituciones fuertes que fueron pensadas para organizar a la sociedad bajo determinados preceptos y no otros, es decir, tenía como objetivo forjar la conciencia nacional (Lewkowicz, I. “Escuela y Ciudadanía” en Pedagogía del aburrido. Buenos Aires. Paidos.) . Las escuelas, las cárceles, los hospitales psiquiátricos, entre otras tantas, se instalaron fuertemente en nuestro país desde esos años y funcionaron como instituciones de encierro. Estas instituciones no solo estructuraron un sistema socio- político- económico sino que, además, tendieron a forjar las subjetividades que a éste le son útiles. El Estado Nación capitalista en Argentina, como en todas partes del mundo, funcionó, en palabras de Foulcault, como una sociedad de vigilancia y la Escuela era una de sus instituciones. Explica Lewkowicz que “La sociedad de vigilancia es un tipo de sociedad en la que se distribuyen espacios de encierro. La subjetividad se produce en instituciones que encierran una población homogénea y producen un tipo de subjetividad pertinente para ese segmento social” (Lewkowicz, op. Cit).
En particular en la institución escolar el capitalismo neoliberal impacta, como explica Tadeu Da Silva en su ponencia “Educación poscrítica, curriculum y formación docente”, en dos aspectos: uno estructural y otro político. En lo estructural porque cambian las prioridades en cuanto a la naturaleza del empleo y trabajo asalariado; y en lo político, porque el neoliberalismo interviene directamente en las políticas educativas para “promocionar” los nuevos intereses que aparenta el capital.
La educación en el neoliberalismo, entiendo que ya ha dejado de ser la representación fundamental de la formación social, ya no es la que marca los principios rectores de una Nación ni la que delimita la acción ciudadana, que ya no ocupa el mismo lugar que antes en términos de producción capitalista –aunque la base del sistema capitalista siga siendo la producción de mercancías-, y que ya no tiene la misma “influencia” sobre sus educandos ni sobre sus educadores.

Las nuevas subjetividades y la Escuela.


Hay nuevas subjetividades puestas en juego en una Escuela Moderna en crisis.
A partir de allí podemos pensar en que la escuela se encuentra en un momento en que a perdido “peso” en la sociedad. Sus integrantes no son los mismos en términos subjetivos, el resto de las instituciones de la sociedad ya no la encuentra en el mismo lugar social, el Estado parece no poder intervenir sobre ella como en otros tiempos. Aparecen problemas de contenidos, problemas de formación docente, problemas sobre cómo pensar lo pedagógico. Como explican Dussel y Southwell en su análisis “Lenguajes en plural”, “no es suficiente, entonces, con seguir haciendo bien lo que se hacía hace un siglo: nos encontramos con otros sujetos, con otras estrategias, y con otras prácticas sociales que demandan otro tipo de enseñanza”. Aquel dispositivo de alianza escuela/ familia, aunque no sea este el que funda la institución, que expone Narodowski, ha tomado otras presentaciones. Desconocer que estos problemas existen, no solo es negar una situación objetiva dada, sino también es negarse a cambiar las cosas. De modo que, para intervenir en las escuelas tenemos que repensar nuestras prácticas como docentes, como ciudadanos, es decir, como sujetos políticos.
Nos encontramos entonces en un lugar donde habrá que revisar la situación de la estructura educacional en general. La situación de la educación pública, su relación- competencia con las escuelas privadas, la situación edilicia de los establecimientos, la situación salarial de los docentes, la problemática socio-económica de los alumnos, la crisis económica mundial. Si el alumno es una nueva subjetividad, el docente también lo es. Todos estos cambios tienen que estar en juego dentro de la institución, con los colegas, dentro y fuera del aula con los alumnos que ya no son esos viejos alumnos que nosotros fuimos.
Que la escuela se haya corrido de ese lugar central que antes poseía en nuestra sociedad significa que ya no debe haber cosas que no pueden entrar en ella, que todos los temas pueden y deben ser tratados en la institución. Seguir tratando a la escuela como una isla por fuera de lo que ocurre fuera de ella es algo imposible y, a su vez, tratar cualquier tema sin un sesgo crítico es algo que no se condice con su nuevo lugar. No solo habrá que entender que la sociedad neoliberal pone al niño en un lugar de sujeto consumidor sino que habrá que revisar qué significa que el niño sea un consumidor y en qué sirve al status quo del capitalismo.

Qué hacer con la escuela.

Entiendo que deberíamos comenzar por comprender que, como explica Viviana Minzi en su texto “Mercado para la infancia o infancia para el mercado”, “El niño es sujeto y, por sobre todas las cosas, sujeto consumidor. Tras su visión de negocio, empresas y corporaciones se vuelcan a la captura constante de consumidores como garantía de supervivencia y expansión”. Es decir, este nuevo agente social, el niño consumidor, no solo ocupa un nuevo lugar en la escuela y debemos dar cuenta de eso, sino que, además, juega un papel en la nueva estructura capitalista. Como lo juegan las inversiones financieras, los conglomerados monopólicos y oligopólicos, las economías de servicios y los capitales industriales estructurados en los países emergentes. Es allí donde aparecen las relaciones de los grandes capitales con la educación, los grandes fondos para financiar la educación privada y la falta de presupuesto estatal para la educación pública. Es decir, se ve claramente cual es el impacto en términos políticos del neoliberalismo en la escuela al que hace referencia Tadeu Da Silva (op. Cit.)
Todas las esferas de la sociedad, como las pensaría Weber, deben ponerse en relación en la escuela. No solo porque se puede ahora que esta institución presenta muros débiles, sino también porque la escuela nunca va a dejar de ser parte de un proyecto de sociedad. Evidentemente en este sentido es indispensable también que en la escuela entren algunos agentes sociales apartados en otras épocas como, por ejemplo, los trabajadores, los profesionales fuera de la docencia, los medios de comunicación.
Los trabajadores en sentido de dar cuenta específicamente del lugar económico esencial que muestra la escuela hoy. Se puede pensar, por ejemplo, cuál es el lugar de las personas que hacen a la estructura escolar y no son los docentes, ¿qué lugar ocupan y por qué? Así como se puede dar cuenta del lugar específico en el que se relacionaba antes la escuela con la división social del trabajo – el futuro de los alumnos-, y pensar en qué realidad social y bajo qué estructura económica se piensa a la escuela hoy.
Los profesionales fuera de la docencia hoy pueden jugar un papel importante ya que el docente de la escuela moderna se ve sobrepasado y muchas veces se encuentra incapaz de hacer frente a ciertas realidades sociales de los chicos, a ciertas situaciones del aula –sobre todo en aspectos pedagógicos y de disciplina-. Nos explica brevemente Tadeu Da Silva que uno de los esquemas del proyecto neoliberal repercute directamente sobre la formación docente (Tadeu Da Silva op. Cit.). Muchos ejemplos se pueden suceder a la hora de pensar en que en la escuela hoy ya no esta tan claro que existe una alta cultura que los niños tienen que aprender y empiezan a desarrollarse espacios donde los niños tienen más competencias que los docentes para dar cuenta de lo que realmente pasa, sobre todo cuando hablamos de las nuevas tecnologías de la información. Para que los docentes puedan “hacer frente” a estos inconvenientes es importante que estén apoyados en otros profesionales. Cada profesional tendrá mucho para poner en común en la Escuela, no hay que ser especialista en dar clase para darla (no confundamos con que cualquiera puede hacer cualquier cosa).
Los medios de comunicación son agentes apartados de la escuela moderna o aparecen, en una primera instancia como un agente externo perturbador de la enseñanza escolar. Bien explica esto Len Masterman, por ejemplo, cuando se refiere al paradigma vacunador en la enseñanza de medios en Inglaterra (Masterman, L. “La revolución de la educación” en “La revolución de los medios audiovisuales”. Ediciones de la torre, Madrid, 1993). Como caracterizan varios autores y estudiosos es necesario que la enseñanza en medios se piense a partir de entender que hoy existe un sujeto consumidor y, que estos sujetos, son el objetivo de los medios masivos de comunicación en términos económicos.

La ideología en la escuela.

En términos pedagógicos, es mucho más factible que se pueda pensar críticamente una postura si se la escucha abiertamente y sin preconceptos que si se la trata de discutir ideológicamente con el objeto de hacer cambiar de idea al oponente discursivo, además de que supone ser una práctica democrática. Pero también está muy claro que lo ideológico no puede desaparecer de ningún modo de lo pedagógico. No concuerdo con Cristina Corea cuando explica que la interpretación no es “un requisito para habitar el entorno informacional”. Que no sea un requisito para los niños se debe, como bien explica ella misma, a que la sociedad acostumbra a los niños a “no pensar”. Esto, asimismo, no quita que puedan desarrollar un pensamiento crítico sobre lo que hacen. Corea es muy taxativa en eso: “No hay lectura ideológica que sirva de guía de análisis respecto de estos fenómenos” – refiriéndose a las formas de ver televisión de los niños-. Entiendo, al contrario, que la crítica ideológica debe aparecer siempre en lo pedagógico. La única forma de que el niño consumidor tenga conciencia de sí mismo como tal es que aparezca la crítica ideológica de algún modo, en algún lado. Pondrá en términos políticos cuál es la situación de todas las personas frente a los medios (así como lo hace con el resto de los agentes sociales).
Entiendo, a su vez, que es fundamental que, mientras el neoliberalismo proponga un niño sujeto consumidor, se piensen otras formas críticas sobre las cuáles trabajar: Las representaciones de los niños y los docentes, sus preguntas sobre el mundo a partir de lo que ven en los medios y cómo pueden pensarse esos sujetos como sujetos productores de medios. A su vez, es obvio que hablar de una visión crítica sobre el niño consumidor no excluye, ni incluye per se, la crítica ideológica a dicho sujeto.
Cuando Lewkowicz caracteriza que en la modernidad tardía cae la idea de progreso por su imposibilidad práctica olvida, creo, ciertos aspectos que, mientras el sistema de producción capitalista exista, no van a dejar de repercutir en todas nuestras instituciones. Nos dice Lewkowicz: “Con la idea de progreso del iluminismo, la educación aparecía como una forma fundamental de volver útiles a los individuos. Caída la cuestión del progreso por su imposibilidad práctica, ¿sigue siendo la escuela un lugar que vuelva útiles a los individuos para la sociedad?, ¿se resignifica su función?, ¿qué queremos hacer nosotros con todo esto?” (Lewkowicz, op. Cit) Entiendo que mientras el sistema capitalista exista, no solo va a existir la escuela como institución “reguladora” sino que además tenderá a “producir ciudadanos” para que sean útiles a la división social del trabajo.
Como escribió Lenin, “hay solo dos formas de pensar al mundo: la forma burguesa y la forma socialista”. Que el neoliberalismo haya descentrado el lugar del Estado, de la escuela y de otras instituciones; que se mueva más capital financiero que capital productivo; que los sujetos, y en nuestro caso particular los niños, ya no se vean como algo estático, ignorante, que hay que llenar de conocimiento no significa que estas dos formas de pensar al mundo sigan existiendo y que sólo de esas dos formas de lo puede pensar. De modo que pensar en formas pedagógicas que promuevan sujetos concientes de la realidad en un sistema capitalista no quiere decir específicamente “bajar línea” de una idea “totalizante” del mundo. Se pueden encontrar formas en que los niños, que los sujetos, hagan sus propios caminos sin ideologías totalizantes, porque si pensamos en no “bajar línea” de la idea socialista estaremos “bajando línea” de la idea burguesa.